Vinos DOC:
Un Concepto que se Consolida
¿la estrategia del futuro?
La implementación de la Denominación de Origen Controlada no divide aguas, pero promete hacerlo. Los pocos cultores en la provincia confían en su futuro comercial y, sólo en la zona de Luján, una veintena esperan sumarse. Sin ser la panacea, para quienes los producen los vinos DOC terminarán imponiéndose
La ley de Denominación de Origen (N° 25.163) se coloca y coloca a Argentina sobre el tapete, toda vez que es el único país del Nuevo Mundo que cuenta con una norma de éstas características. Los términos Denominación de Origen, Indicación de Procedencia e Indicación Geográfica, con sus acepciones circunscriptas, son parte de la realidad. Lo que viene es medir si tendrá un verdadero impacto para la industria, o quedará en una leyenda más de la etiqueta.
De la indicación geográfica a la denominación
El tema es una preocupación de larga data. En 1891, el Acuerdo de Madrid estipulaba reprimir indicaciones de procedencia falsas o engañosas. En 1958, en Lisboa, se convino la Protección y Registro de las Denominaciones de Origen. Nuestras DOC nacieron en 1991 bajo una ley provincial, como una forma de tomar distancia del celo europeo por el buen nombre de productos de regiones clásicas como Borgoña, Burdeos o Champagne. Mendoza cuenta con las DOC Luján de Cuyo (Malbec) y San Rafael (Chardonnay, Malbec, Cabernet), aprobada en 1995, en ambos casos sometidas a la aprobación de un Comité local integrado por bodegas y organismos vinculados al sector. También desde 1995 La Rioja tiene su denominación, Valles de Famatina Torrontés, de Coop. La Riojana. La nueva ley introduce los conceptos de Indicación de Procedencia (IP), para los vinos de mesa, y de Indicación Geográfica (IG) para identificar a “un producto originario de una región, a la que sean atribuibles la calidad y características del mismo”.
Defensor acérrimo de su ventaja competitiva, para Rodolfo Vargas Arizu, propietario de bodega Tierras Altas, “es muy útil como estrategia de diferenciación, y es la única forma de defender el valor de una tierra y su producción, como el Malbec de Vistalba, el mejor del mundo”. Pero rescata casos de bodegas que adquieren uva de zona Este y luego elaboran vino que termina como DOC Luján. “Atenta contra quienes producen uva genuina, que sin duda tiende a cotizarse”, asegura.
Experiencias locales
Pionera en la experiencia, la familia Arizu empezó a trabajar bajo las pautas de la denominación de origen en 1989, y lanzó en 1991 el primer Malbec DOC Luján de Cuyo, que va por su cosecha 2000: su precio al público es de $29 y partidas anuales de 40 mil botellas se venden por partes iguales en el mercado interno y el exterior. Actualmente, Norton y Nieto Senetiner también son parte de la Denominación lujanina. El gerente de comercio exterior de Leoncio Arizu, Alberto Arizu (h), coincide en que Malbec es sinónimo de Luján y que la denominación indiscutiblemente sirve para competir afuera. “Con más de ciento cincuenta años, ya es típica de la zona. Identifica al país y sirve para mostrar que podemos sumar valor agregado y colocar un producto distintivo”. EEUU, Suiza, Inglaterra y Finlandia son los principales compradores de los Malbec calificados de Luigi Bosca.
El actual titular del Comité de la Denominación de Origen Controlada de Luján, Alberto Arizu padre, sostiene que “no sólo es útil como factor de comercialización de los vinos, sino además desde el punto de vista turístico”.
El primer Chardonnay con denominación de origen se produjo en San Rafael. El Bianchi Chardonnay DOC San Rafael salió al mercado en 1992, y hoy integra la línea de vinos con certificación que completan el Cabernet y Malbec. “Los obtenemos a partir de distintos niveles de tratamiento y de pequeñas parcelas”, explica el responsable de producirlos, Francisco Martínez, quien, sin embargo, no comulga con ciertas pautas. “Es difícil establecer períodos de crianza o añejamiento, se decide en función de lo que es mejor para el vino”. La bodega mantiene en el mercado interno su línea Bianchi DOC, y desarrolló marcas sólo para exportar a Inglaterra, EEUU, Brasil, Paraguay y Canadá. Adriana Astorga, del área respectiva, consigna que “este año las ventas al exterior crecieron un 65%, y en ese contexto los vinos con certificación de origen también lo hicieron”. Para Astorga, “la intención es fijar una marca por región, como sucede con los Rioja españoles”.
Ser o no ser
En cuanto a niveles y precios vigentes, Vargas Arizu duda que se respeten las normas. “Un DOC no puede ser un producto light. Y además no puede valer $8, como mínimo tiene que estar en los $30”. Dispuesto a comparar, por su parte Alberto Arizu distingue el trabajo desarrollado en Luján con el de San Rafael. “Allí es más comercial; de hecho, es una indicación geográfica o una DO no controlada”.
“La denominación garantiza que el vino esté elaborado con uva de la zona, y se puede trabajar con distintas categorías y precios, como lo hace Francia, donde hay vinos de precios bajos y hasta de dos mil dólares”.
El origen del futuro
A bodega Leoncio Arizu no podría haberle ido mejor. Las ventas crecieron a un ritmo del 20% anual desde finales de la década pasada. No obstante, los que están en el tema saben que hay que esperar. “El concepto todavía es difuso, hay que hacer docencia con el público”, dicen. En tanto, de las 3 mil hectáreas de Malbec de Vistalba, un 10% está bajo denominación de origen controlada. Los pedidos para ingresar a la Denominación esperan aprobación y, según se estima, más de 20 bodegas están en condiciones de hacerlo. Vargas Arizu advierte, sin embargo, que “si no se cumple, toda la zona terminará destinada a loteos”. El tiempo dirá si, en efecto, la Denominación de Origen Controlada se impone en los hechos como un acierto pleno. O queda en un recurso más del marketing vitivinícola.
De la tradicional Borgoña a la “nueva” Vistalba:
¿la estrategia del futuro?
La implementación de la Denominación de Origen Controlada no divide aguas, pero promete hacerlo. Los pocos cultores en la provincia confían en su futuro comercial y, sólo en la zona de Luján, una veintena esperan sumarse. Sin ser la panacea, para quienes los producen los vinos DOC terminarán imponiéndose
La ley de Denominación de Origen (N° 25.163) se coloca y coloca a Argentina sobre el tapete, toda vez que es el único país del Nuevo Mundo que cuenta con una norma de éstas características. Los términos Denominación de Origen, Indicación de Procedencia e Indicación Geográfica, con sus acepciones circunscriptas, son parte de la realidad. Lo que viene es medir si tendrá un verdadero impacto para la industria, o quedará en una leyenda más de la etiqueta.
De la indicación geográfica a la denominación
El tema es una preocupación de larga data. En 1891, el Acuerdo de Madrid estipulaba reprimir indicaciones de procedencia falsas o engañosas. En 1958, en Lisboa, se convino la Protección y Registro de las Denominaciones de Origen. Nuestras DOC nacieron en 1991 bajo una ley provincial, como una forma de tomar distancia del celo europeo por el buen nombre de productos de regiones clásicas como Borgoña, Burdeos o Champagne. Mendoza cuenta con las DOC Luján de Cuyo (Malbec) y San Rafael (Chardonnay, Malbec, Cabernet), aprobada en 1995, en ambos casos sometidas a la aprobación de un Comité local integrado por bodegas y organismos vinculados al sector. También desde 1995 La Rioja tiene su denominación, Valles de Famatina Torrontés, de Coop. La Riojana. La nueva ley introduce los conceptos de Indicación de Procedencia (IP), para los vinos de mesa, y de Indicación Geográfica (IG) para identificar a “un producto originario de una región, a la que sean atribuibles la calidad y características del mismo”.
Defensor acérrimo de su ventaja competitiva, para Rodolfo Vargas Arizu, propietario de bodega Tierras Altas, “es muy útil como estrategia de diferenciación, y es la única forma de defender el valor de una tierra y su producción, como el Malbec de Vistalba, el mejor del mundo”. Pero rescata casos de bodegas que adquieren uva de zona Este y luego elaboran vino que termina como DOC Luján. “Atenta contra quienes producen uva genuina, que sin duda tiende a cotizarse”, asegura.
Experiencias locales
Pionera en la experiencia, la familia Arizu empezó a trabajar bajo las pautas de la denominación de origen en 1989, y lanzó en 1991 el primer Malbec DOC Luján de Cuyo, que va por su cosecha 2000: su precio al público es de $29 y partidas anuales de 40 mil botellas se venden por partes iguales en el mercado interno y el exterior. Actualmente, Norton y Nieto Senetiner también son parte de la Denominación lujanina. El gerente de comercio exterior de Leoncio Arizu, Alberto Arizu (h), coincide en que Malbec es sinónimo de Luján y que la denominación indiscutiblemente sirve para competir afuera. “Con más de ciento cincuenta años, ya es típica de la zona. Identifica al país y sirve para mostrar que podemos sumar valor agregado y colocar un producto distintivo”. EEUU, Suiza, Inglaterra y Finlandia son los principales compradores de los Malbec calificados de Luigi Bosca.
El actual titular del Comité de la Denominación de Origen Controlada de Luján, Alberto Arizu padre, sostiene que “no sólo es útil como factor de comercialización de los vinos, sino además desde el punto de vista turístico”.
El primer Chardonnay con denominación de origen se produjo en San Rafael. El Bianchi Chardonnay DOC San Rafael salió al mercado en 1992, y hoy integra la línea de vinos con certificación que completan el Cabernet y Malbec. “Los obtenemos a partir de distintos niveles de tratamiento y de pequeñas parcelas”, explica el responsable de producirlos, Francisco Martínez, quien, sin embargo, no comulga con ciertas pautas. “Es difícil establecer períodos de crianza o añejamiento, se decide en función de lo que es mejor para el vino”. La bodega mantiene en el mercado interno su línea Bianchi DOC, y desarrolló marcas sólo para exportar a Inglaterra, EEUU, Brasil, Paraguay y Canadá. Adriana Astorga, del área respectiva, consigna que “este año las ventas al exterior crecieron un 65%, y en ese contexto los vinos con certificación de origen también lo hicieron”. Para Astorga, “la intención es fijar una marca por región, como sucede con los Rioja españoles”.
Ser o no ser
En cuanto a niveles y precios vigentes, Vargas Arizu duda que se respeten las normas. “Un DOC no puede ser un producto light. Y además no puede valer $8, como mínimo tiene que estar en los $30”. Dispuesto a comparar, por su parte Alberto Arizu distingue el trabajo desarrollado en Luján con el de San Rafael. “Allí es más comercial; de hecho, es una indicación geográfica o una DO no controlada”.
“La denominación garantiza que el vino esté elaborado con uva de la zona, y se puede trabajar con distintas categorías y precios, como lo hace Francia, donde hay vinos de precios bajos y hasta de dos mil dólares”.
El origen del futuro
A bodega Leoncio Arizu no podría haberle ido mejor. Las ventas crecieron a un ritmo del 20% anual desde finales de la década pasada. No obstante, los que están en el tema saben que hay que esperar. “El concepto todavía es difuso, hay que hacer docencia con el público”, dicen. En tanto, de las 3 mil hectáreas de Malbec de Vistalba, un 10% está bajo denominación de origen controlada. Los pedidos para ingresar a la Denominación esperan aprobación y, según se estima, más de 20 bodegas están en condiciones de hacerlo. Vargas Arizu advierte, sin embargo, que “si no se cumple, toda la zona terminará destinada a loteos”. El tiempo dirá si, en efecto, la Denominación de Origen Controlada se impone en los hechos como un acierto pleno. O queda en un recurso más del marketing vitivinícola.
De la tradicional Borgoña a la “nueva” Vistalba:
Con casi 25.000 hectáreas productivas y 180 millones de botellas, Borgoña posee 97 denominaciones (representa 5% de la producción francesa). Se distinguen los Grands Crus, los Premiers Crus (parcelas de alta calidad), las comunales, las regionales, el Chardonnay y el Pinot Noir. A miles de kilómetros, el terroir mendocino de Vistalba (Luján) ostenta 300 hectáreas de un Malbec distinto. Las pautas para certificar: 60% de rendimiento uva-vino, 60 hectólitros/ hectárea, una graduación alcohólica mínima de 13° y una crianza/ añejamiento con no menos de 12 meses en barrica y el mismo período en botella.
Fuente: Miguel Flores
Fuente: Miguel Flores




