Higiene y Control
La antigua práctica de la crianza del vino en barrica, desde el final de la fermentación hasta el embotellado, ha sido ampliamente sustituida, entre los años 1950 y 1960, por la conservación de los vinos en depósitos de material inerte. El origen de este cambio fue el riesgo de problemas de tipo microbiológico, y la consiguiente aparición de defectos. En aquellos tiempos, el abandono de los depósitos de madera, que frecuentemente provocaban problemas debidos sobre todo a mohos, representó una mejora cualitativa por la aparición de vinos más limpios y aromáticos. Durante las dos últimas décadas, la adopción de la madera como instrumento particularmente favorable dentro del itinerario tecnológico de los vinos, ha restituido el uso frecuente de la madera de roble.Pero al mismo tiempo, los riesgos de contaminación y oxidación con la consiguiente alteración de los vinos siguen estando presentes.Durante todo el proceso de producción del vino, el seguimiento y los controles son fundamentales para garantizar la calidad del producto en cuestión y para evitar desagradables sorpresas. Durante el contacto con la madera, el nivel de atención en los controles debe ser todavía mayor. La reutilización de los productos alternativos (virutas, bloques o duelas) representa un punto crítico del proceso si no se pone atención en la higienización de los mismos. Existen diversos equipos para la limpieza e higienización de las barricas. Hay varias teorías sobre la correcta higienización de la madera. En cualquier caso, independientemente del método utilizado, por vía química o con vapor, el control de la eficacia del tratamiento es muy importante a la hora de garantizar la correcta higienización del material y evitar posibles contaminaciones del vino que entra en contacto con la madera ya utilizada.
Fuente: InfoWine




