El vino de los Faraones
En el agua puedes ver reflejada tu cara, pero en el vino siempre aparece tu mejor cualidad. (Proverbio egipcio)
Los autores clásicos griegos y romanos como Plinio, Ateneo de Naucratis y Estrabón, dejaron constancia en sus escritos del buen sabor de los vinos de Egipto.En la antigua Roma, se importaban vinos egipcios y no precisamente porque los romanos anduvieran escasos en su provisión. Diversas crónicas romanas, cantan las alabanzas de los vinos claros y fragantes de Mareotis, Sebennytus en el Delta del Nilo, Menzalah, Sile y Tanis.
La documentación más completa y extensa sobre la vitivinicultura y la elaboración del vino en la antigüedad, procede del país de los faraones. La primera evidencia de la presencia de uva en esa región, son las semillas halladas en los yacimientos predinásticos (4000-3050 AC) de Tell Ibrahim Awad y Tell el Farain, situados uno al este y el otro al oeste del Delta del Nilo. Los egipcios, sabían que los suelos situados detrás de los límites de la inundación, eran los más adecuados para plantar viñas. Las tierras pedregosas, en el límite del desierto, proporcionaban los vinos de mayor reputación y prestigio. Uno de estos lugares era la zona del lago Mariut, situado al suroeste de la actual ciudad de Alejandría.
La importancia política, social, económica y religiosa del vino en el Antiguo Egipto era bien conocida y está documentada en multitud de inscripciones, pinturas murales y representaciones iconográficas. Era una de las bebidas más preciadas, muy por delante de la cerveza, cuyo costo era diez veces menor. Lo bebían los faraones, quienes eran generalmente sus dueños, sus familiares, sus ministros, los generales, los sacerdotes, las clases altas pero también el pueblo. Un valioso dato antropológico lo constituye el jeroglífico común identificado en estas tres palabras: jardín, vino y vid. Lo cierto es que las uvas, tal y como aparece en dibujos funerarios, se cosechaban, se almacenaban, se pisaban con los pies y su zumo era guardado en tinajas hasta la adecuada fermentación. Un segundo prensado separaba pieles y pepitas y permitía que el vino, ya fermentado, se conservara en recipientes sellados con barro y con pequeñas aberturas por donde dejar salir el dióxido de carbono. Cuando se consideraba que la crianza se había completado, fijada en un máximo de 21 años, las aberturas terminaban sellándose y el producto quedaba totalmente aislado del exterior hasta su utilización. Con respecto al tipo de vino consumido por los antiguos egipcios, todo apunta a que los secos era los preferidos. Sólo uno de cada seis vinos, etiquetados a mano por los maestros encargados, tenía inscripta la palabra dulce.
En su viaje al más allá, el faraón más famoso, Tutankhamon, quiso ir acompañado de los mejores vinos de sus bodegas. Al descubrir su tumba, Howard Carter, en 1922, encontró numerosas ánforas con inscripciones, a modo de las actuales etiquetas, relativas a la cosecha, calidad, procedencia y elaborador. Lo que no se sabía era si se trataba de vinos tintos o blancos. Tampoco se conocía si el "shedeh", una bebida a la que se hace referencia en multitud de documentos, era propiamente vino o estaba elaborado a partir de otros frutos como la granada. Todas estas dudas han quedado resueltas ahora, confirmando que en el antiguo Egipto, se bebían tanto vinos blancos como tintos, y que el "shedeh" estaba elaborado con uvas.
La importancia política, social, económica y religiosa del vino en el Antiguo Egipto era bien conocida y está documentada en multitud de inscripciones, pinturas murales y representaciones iconográficas. Era una de las bebidas más preciadas, muy por delante de la cerveza, cuyo costo era diez veces menor. Lo bebían los faraones, quienes eran generalmente sus dueños, sus familiares, sus ministros, los generales, los sacerdotes, las clases altas pero también el pueblo. Un valioso dato antropológico lo constituye el jeroglífico común identificado en estas tres palabras: jardín, vino y vid. Lo cierto es que las uvas, tal y como aparece en dibujos funerarios, se cosechaban, se almacenaban, se pisaban con los pies y su zumo era guardado en tinajas hasta la adecuada fermentación. Un segundo prensado separaba pieles y pepitas y permitía que el vino, ya fermentado, se conservara en recipientes sellados con barro y con pequeñas aberturas por donde dejar salir el dióxido de carbono. Cuando se consideraba que la crianza se había completado, fijada en un máximo de 21 años, las aberturas terminaban sellándose y el producto quedaba totalmente aislado del exterior hasta su utilización. Con respecto al tipo de vino consumido por los antiguos egipcios, todo apunta a que los secos era los preferidos. Sólo uno de cada seis vinos, etiquetados a mano por los maestros encargados, tenía inscripta la palabra dulce.
En su viaje al más allá, el faraón más famoso, Tutankhamon, quiso ir acompañado de los mejores vinos de sus bodegas. Al descubrir su tumba, Howard Carter, en 1922, encontró numerosas ánforas con inscripciones, a modo de las actuales etiquetas, relativas a la cosecha, calidad, procedencia y elaborador. Lo que no se sabía era si se trataba de vinos tintos o blancos. Tampoco se conocía si el "shedeh", una bebida a la que se hace referencia en multitud de documentos, era propiamente vino o estaba elaborado a partir de otros frutos como la granada. Todas estas dudas han quedado resueltas ahora, confirmando que en el antiguo Egipto, se bebían tanto vinos blancos como tintos, y que el "shedeh" estaba elaborado con uvas.
Fuente: Buena Cepa
Los autores clásicos griegos y romanos como Plinio, Ateneo de Naucratis y Estrabón, dejaron constancia en sus escritos del buen sabor de los vinos de Egipto.En la antigua Roma, se importaban vinos egipcios y no precisamente porque los romanos anduvieran escasos en su provisión. Diversas crónicas romanas, cantan las alabanzas de los vinos claros y fragantes de Mareotis, Sebennytus en el Delta del Nilo, Menzalah, Sile y Tanis.
La documentación más completa y extensa sobre la vitivinicultura y la elaboración del vino en la antigüedad, procede del país de los faraones. La primera evidencia de la presencia de uva en esa región, son las semillas halladas en los yacimientos predinásticos (4000-3050 AC) de Tell Ibrahim Awad y Tell el Farain, situados uno al este y el otro al oeste del Delta del Nilo. Los egipcios, sabían que los suelos situados detrás de los límites de la inundación, eran los más adecuados para plantar viñas. Las tierras pedregosas, en el límite del desierto, proporcionaban los vinos de mayor reputación y prestigio. Uno de estos lugares era la zona del lago Mariut, situado al suroeste de la actual ciudad de Alejandría.
La importancia política, social, económica y religiosa del vino en el Antiguo Egipto era bien conocida y está documentada en multitud de inscripciones, pinturas murales y representaciones iconográficas. Era una de las bebidas más preciadas, muy por delante de la cerveza, cuyo costo era diez veces menor. Lo bebían los faraones, quienes eran generalmente sus dueños, sus familiares, sus ministros, los generales, los sacerdotes, las clases altas pero también el pueblo. Un valioso dato antropológico lo constituye el jeroglífico común identificado en estas tres palabras: jardín, vino y vid. Lo cierto es que las uvas, tal y como aparece en dibujos funerarios, se cosechaban, se almacenaban, se pisaban con los pies y su zumo era guardado en tinajas hasta la adecuada fermentación. Un segundo prensado separaba pieles y pepitas y permitía que el vino, ya fermentado, se conservara en recipientes sellados con barro y con pequeñas aberturas por donde dejar salir el dióxido de carbono. Cuando se consideraba que la crianza se había completado, fijada en un máximo de 21 años, las aberturas terminaban sellándose y el producto quedaba totalmente aislado del exterior hasta su utilización. Con respecto al tipo de vino consumido por los antiguos egipcios, todo apunta a que los secos era los preferidos. Sólo uno de cada seis vinos, etiquetados a mano por los maestros encargados, tenía inscripta la palabra dulce.
En su viaje al más allá, el faraón más famoso, Tutankhamon, quiso ir acompañado de los mejores vinos de sus bodegas. Al descubrir su tumba, Howard Carter, en 1922, encontró numerosas ánforas con inscripciones, a modo de las actuales etiquetas, relativas a la cosecha, calidad, procedencia y elaborador. Lo que no se sabía era si se trataba de vinos tintos o blancos. Tampoco se conocía si el "shedeh", una bebida a la que se hace referencia en multitud de documentos, era propiamente vino o estaba elaborado a partir de otros frutos como la granada. Todas estas dudas han quedado resueltas ahora, confirmando que en el antiguo Egipto, se bebían tanto vinos blancos como tintos, y que el "shedeh" estaba elaborado con uvas.
La importancia política, social, económica y religiosa del vino en el Antiguo Egipto era bien conocida y está documentada en multitud de inscripciones, pinturas murales y representaciones iconográficas. Era una de las bebidas más preciadas, muy por delante de la cerveza, cuyo costo era diez veces menor. Lo bebían los faraones, quienes eran generalmente sus dueños, sus familiares, sus ministros, los generales, los sacerdotes, las clases altas pero también el pueblo. Un valioso dato antropológico lo constituye el jeroglífico común identificado en estas tres palabras: jardín, vino y vid. Lo cierto es que las uvas, tal y como aparece en dibujos funerarios, se cosechaban, se almacenaban, se pisaban con los pies y su zumo era guardado en tinajas hasta la adecuada fermentación. Un segundo prensado separaba pieles y pepitas y permitía que el vino, ya fermentado, se conservara en recipientes sellados con barro y con pequeñas aberturas por donde dejar salir el dióxido de carbono. Cuando se consideraba que la crianza se había completado, fijada en un máximo de 21 años, las aberturas terminaban sellándose y el producto quedaba totalmente aislado del exterior hasta su utilización. Con respecto al tipo de vino consumido por los antiguos egipcios, todo apunta a que los secos era los preferidos. Sólo uno de cada seis vinos, etiquetados a mano por los maestros encargados, tenía inscripta la palabra dulce.
En su viaje al más allá, el faraón más famoso, Tutankhamon, quiso ir acompañado de los mejores vinos de sus bodegas. Al descubrir su tumba, Howard Carter, en 1922, encontró numerosas ánforas con inscripciones, a modo de las actuales etiquetas, relativas a la cosecha, calidad, procedencia y elaborador. Lo que no se sabía era si se trataba de vinos tintos o blancos. Tampoco se conocía si el "shedeh", una bebida a la que se hace referencia en multitud de documentos, era propiamente vino o estaba elaborado a partir de otros frutos como la granada. Todas estas dudas han quedado resueltas ahora, confirmando que en el antiguo Egipto, se bebían tanto vinos blancos como tintos, y que el "shedeh" estaba elaborado con uvas.
Fuente: Buena Cepa


