Que es la D.O.C?
En los países europeos, como Francia, Italia y España, la Denominación de Origen Controlada (D.O.C.) para la alta calidad enológica ha adquirido prestigio mediante los distintos sistemas establecidos. Estos sistemas regulan la certificación de los lugares de origen de las cepas empleadas en los vinos.
Al consumidor extranjero le interesa que un vino haya pasado por los severos filtros que otorga la certificación de la Denominación de Origen, porque esto brinda una garantía de seriedad. La reconocida Denominación de Origen de San Rafael cuenta, entre las bodegas propulsoras de la iniciativa, a Bianchi, Suter y Goyenechea, entre otras destacadas. Ellas han lanzado los primeros vinos con Denominación de Origen Controlada de la zona, con cepas de las cosechas 1992 y 1993.
En la zona de Lujan de Cuyo, el ingeniero Alberto Arizu, denodado buscador de la excelencia enológica, fue quien lideró el proceso que culminó con el establecimiento de las denominación de origen Como puede verse, la Argentina parece estar dispuesta a inscribirse definitivamente en el gran mundo del vino. El tema de la denominación de origen no ha sido sencillo, como nada lo es en un país orgulloso e individualista como el nuestro, pero los pasos que se vienen dando revelan firmeza y determinación.
Pero convengamos que para lograr que un vino tenga calidad denominación de origen tienen que conjugarse distintos factores: los naturales, los tecnológicos y los recursos humanos. Las uvas deben ser seleccionadas, respetando el origen, la sanidad y las características organolépticas y tienen que expresar en cada gramo los atributos singulares del suelo y del clima, y ser custodiadas por expertos capacitados e imparciales que determinan los parámetros de calidad y autenticidad que habilite su certificación.
Para que un vino tenga una certificación de la denominación de origen debe reunir ciertas prácticas enológicas como las técnicas estrictas para el cultivo y la cosecha; no puede haber más de 550 plantas por hectárea y la producción no debe superar los 100 quintales por hectárea, el control de la fermentación, la prohibición del uso de determinadas maquinarias y la crianza debe ser de un año en barrica y otro en botella. El embotellado debe ser efectuado en bodegas inscriptas en la zona de producción a la cual pertenece su denominación de origen. Todo el proceso recibe un control continuo y permanente de los medios de producción como así del producto terminado.Inicialmente se analiza la localización exacta e identificación de la partida, luego las muestras son sometidas a rigurosos análisis, le sigue un control organoléptico por medio de degustación, se califican las partidas y posteriormente, una vez evaluada la elaboración, el envejecimiento y la crianza se realizan los últimos análisis para la calificación definitiva. Una denominación de origen es un signo de calidad, constituye en definitiva, un contrato de confianza entre el productor y el consumidor. Obtiene reconocimiento oficial y ahorra al consumidor los riesgos de la compra, o sea, el esfuerzo en la identificación inmediata de las cualidades buscadas, ya sea en el origen, en lo genuino o en métodos de producción.
Fuente: hostlandia
Al consumidor extranjero le interesa que un vino haya pasado por los severos filtros que otorga la certificación de la Denominación de Origen, porque esto brinda una garantía de seriedad. La reconocida Denominación de Origen de San Rafael cuenta, entre las bodegas propulsoras de la iniciativa, a Bianchi, Suter y Goyenechea, entre otras destacadas. Ellas han lanzado los primeros vinos con Denominación de Origen Controlada de la zona, con cepas de las cosechas 1992 y 1993.
En la zona de Lujan de Cuyo, el ingeniero Alberto Arizu, denodado buscador de la excelencia enológica, fue quien lideró el proceso que culminó con el establecimiento de las denominación de origen Como puede verse, la Argentina parece estar dispuesta a inscribirse definitivamente en el gran mundo del vino. El tema de la denominación de origen no ha sido sencillo, como nada lo es en un país orgulloso e individualista como el nuestro, pero los pasos que se vienen dando revelan firmeza y determinación.
Pero convengamos que para lograr que un vino tenga calidad denominación de origen tienen que conjugarse distintos factores: los naturales, los tecnológicos y los recursos humanos. Las uvas deben ser seleccionadas, respetando el origen, la sanidad y las características organolépticas y tienen que expresar en cada gramo los atributos singulares del suelo y del clima, y ser custodiadas por expertos capacitados e imparciales que determinan los parámetros de calidad y autenticidad que habilite su certificación.
Para que un vino tenga una certificación de la denominación de origen debe reunir ciertas prácticas enológicas como las técnicas estrictas para el cultivo y la cosecha; no puede haber más de 550 plantas por hectárea y la producción no debe superar los 100 quintales por hectárea, el control de la fermentación, la prohibición del uso de determinadas maquinarias y la crianza debe ser de un año en barrica y otro en botella. El embotellado debe ser efectuado en bodegas inscriptas en la zona de producción a la cual pertenece su denominación de origen. Todo el proceso recibe un control continuo y permanente de los medios de producción como así del producto terminado.Inicialmente se analiza la localización exacta e identificación de la partida, luego las muestras son sometidas a rigurosos análisis, le sigue un control organoléptico por medio de degustación, se califican las partidas y posteriormente, una vez evaluada la elaboración, el envejecimiento y la crianza se realizan los últimos análisis para la calificación definitiva. Una denominación de origen es un signo de calidad, constituye en definitiva, un contrato de confianza entre el productor y el consumidor. Obtiene reconocimiento oficial y ahorra al consumidor los riesgos de la compra, o sea, el esfuerzo en la identificación inmediata de las cualidades buscadas, ya sea en el origen, en lo genuino o en métodos de producción.
Fuente: hostlandia


