Distinguir entre cinco sabores básicos, preferir un buen gusto o alertarnos de sustancias descompuestas son solo algunas de sus funciones.
La sensación que nos produce comer un rico helado o rechazar alimentos demasiado agrios, no son más que señales eléctricas que el cerebro recibe y traduce por sí solo. Se trata de un largo viaje que comienza con el ingreso de la sustancia al organismo, el contacto de esta con la super. cie de la lengua, la estimulación de las papilas gustativas y la posterior activación de sus células nerviosas, el recorrido a través de los nervios craneales y la inmediata respuesta cerebral.
Para que ocurra este proceso participa una serie de órganos, estructuras y sustancias que facilitan las percepciones gustativas.
La cavidad bucal alberga al principal órgano del gusto, la lengua, y también cuenta con las glándulas salivales, la úvula, el paladar, las amígdalas palatinas y linguales.
La lengua
La lengua es la estructura más importante del sentido del gusto. Se encuentra alojada en la cavidad bucal; a partir de la novena y décima semanas de gestación, el embrión ya puede moverla.
Es un cuerpo carnoso, fibroso y móvil, formado por una red de músculos que están recubiertos por una mucosa. Su superficie es rugosa y alberga las estructuras encargadas de recibir los estímulos de las sustancias que ingerimos o degustamos. Su parte inferior está cubierta por una membrana mucosa, delgada y lisa, unida a los músculos que están debajo de ella.
Si extendemos la lengua hacia afuera, solo veremos dos tercios de ella. Esto sucede porque nuestra lengua nace desde la parte posterior de la garganta y se proyecta hacia el exterior por la cavidad bucal. La porción visible de la lengua se denomina palatina y el tercio restante corresponde a la sección faríngea.
Si bien en este capítulo trataremos su función sensorial, no debes olvidar que la lengua cumple otras importantes tareas. Participa en la digestión (presente en los procesos de masticación, deglución y succión) y es fundamental en la articulación de los sonidos. También es un órgano de defensa, ya que su raíz es rica en tejido linfático.
Estructura osteomuscular
Al contrario de lo que muchos piensan, la lengua no es solo un músculo. Cuenta con un esqueleto osteofibroso, formado por una lámina aponeurótica (membrana de tejido conjuntivo que se fija a un hueso), que se extiende desde el hueso hioides hasta la punta de la lengua.En este esqueleto se fijan todos los músculos que le otorgan flexibilidad y movimiento.La estructura muscular de la lengua es un verdadero tejido, donde se entrelazan varios músculos estriados. Estas fibras se ubican tanto en el lado derecho como izquierdo, por lo que actúan de manera independiente. Algunos están en el interior de ella (intrínsecos) y son los encargados de los movimientos finos, mientras que los restantes están en el exterior (extrínsecos) y se proyectan desde estructuras vecinas, como la mandíbula, el hueso hioides, el paladar y el cráneo. Ambos están inervados por el nervio craneal XII o hipogloso.Los músculos intrínsecos son cuatro y reciben los nombres de vertical lingual, longitudinal inferior y superior y transverso lingual.El grupo de los extrínsecos lo integran los músculos hiogloso, estilogloso, geniogloso y el palatogloso.Esta cantidad de músculos, ocho en total, le otorgan una increíble movilidad a la lengua; gracias a ellos puede ser proyectada en tres direcciones: de adelante hacia atrás, del borde hacia el medio y de arriba hacia abajo.
Superficie sensitiva
La lengua es el primer órgano que recibe el ingreso de los alimentos a nuestro organismo, así como también la superficie que alberga a las estructuras especializadas en la detección de las moléculas químicas, las papilas gustativas. Ellas recubren toda la sección palatina de la lengua, otorgándole una textura rugosa.
Existen cuatro tipos de papilas gustativas: filiformes, foliadas, fungiformes y circunvaladas.
- Las papilas filiformes, que también reciben el nombre de cónicas. Son las más delgadas y su principal función es mecánica. También son las más numerosas y se ubican sobre todo el dorso de la lengua.- Las foliadas se encuentran en los bordes de la lengua y reciben su nombre porque su forma es como la de una hoja. Son especialmente sensibles a los sabores ácidos.- Las fungiformes son denominadas así por su parecido a un hongo. Bajo el microscopio, se asemejan a enormes puntos rojos diseminados en la punta y el borde de la lengua.Contienen cerca del 30% de los botones gustativos, los que responden tanto a los sabores dulces como ácidos.
- Las circunvaladas son las menos numerosas (de ocho a 12) pero, a su vez, son las de mayor tamaño. Se concentran en la parte posterior de la lengua, formando una hilera en forma de “V”.
Las papilas contienen en su interior los botones gustativos, semejantes a una cebolla, los que poseen directa conexión con las fibras nerviosas. Estos órganos microscópicos están compuestos por células receptoras, células basales, el poro gustativo (vía de ingreso de las sustancias) y los pelillos del gusto (detectores químicos). Todas estas estructuras generan una reacción en cadena, que en último término nos induce la percepción del gusto o sabor.
Largo viaje
Una vez ingresada la sustancia química al organismo (como alimento u otro elemento), esta entra en contacto con una sustancia líquida llamada saliva.
Esta ayuda a formar el bolo alimenticio, que luego será deglutido y continuará el proceso de digestión. Pero también colabora en el proceso sensitivo.
La saliva está en permanente contacto con los pelillos del gusto, situados en la parte superior del botón gustativo. Cuando una sustancia se disuelve en ella, penetra las papilas gustativas y es detectada de inmediato por estas microvellosidades, que transmiten la información a las células receptoras. Estas células, a su vez, estimulan eléctricamente a las fibras nerviosas, comenzando el viaje hacia el cerebro.
Es en esta etapa donde juegan un rol fundamental las conexiones nerviosas de la lengua y la cavidad bucal. Las células nerviosas de los botones gustativos se conectan a los nervios craneales facial (VII) y glosofaríngeo (IX). El nervio facial inerva las regiones anteriores de la lengua, mientras que la parte posterior se relaciona con el glosofaríngeo.
También participan en este viaje el nervio vago o neumogástrico (X), encargado de inervar los botones gustativos repartidos en la zona más posterior de la cavidad bucal.
El impulso nervioso ingresa al sistema nervioso central a través de dos vías, una en dirección a las regiones subcorticales del cerebro y otra hacia la corteza cerebral. La vía subcortical genera reacciones instintivas (por ejemplo, el rechazo de los sabores amargos).
La verdadera sensación del gusto se origina en el “centro del gusto”, área ubicada en la corteza cerebral, donde detectamos de manera más fina los sabores.
Los catadores de vino, por ejemplo, "educan" está área para percibir una gama más amplia de sabores.