¿Sintético o natural?
Esa es la cuestión, al menos en lo que se refiere a los corchos para tapar las botellas de vino. Mientras que en el plano internacional el material sintético reemplaza cada vez más al extraído del alcornoque en el mercado argentino la transición resulta más lenta.Los especialistas creen que es cuestión cultural. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura, la exportación de vinos argentinos se incrementó durante el año último un 35%, generando negocios por más de 140 millones de dólares. La mayoría de las botellas que viajaron al exterior fueron cerradas con tapas sintéticas, pero en el nivel local, su aceptación está en etapa de prueba.“Para el mercado externo, la principal línea que exportamos es la de varietales Santa Julia, con una salida anual de 150.000 cajas de 12 unidades.
Todas están cerradas con tapones sintéticos y están dirigidas principalmente al mercado británico y, en menor medida, a otros países”, indica el ingeniero Sergio Lucero, jefe de compras de la bodega Familia Zuccardi. “En Argentina estamos introduciendo estos tapones en la línea Finca Beltrán Duo. Pero llevamos pocos meses con este producto, por eso aún no conocemos todas sus ventajas”, agrega.Aunque cumplen la misma función, se llama corchos naturales a los extraídos de la corteza del alcornoque. Los tapones sintéticos, en cambio, son los elaborados con polímeros plásticos.Tradicional y renovable.
Además de natural, la producción del corcho es toda una tradición. “El alcornoque lleva en su entorno toda una cultura que se parece mucho a la producción de la vid. De alguna manera, su cultivo es un culto a la esperanza. Uno no ve vinos de 100 0 200 años con tapas sintéticas, sencillamente porque no existen”, explica Pablo Conselmo, enólogo de la Escuela Argentina de Vinos.
Si bien es un recurso renovable, un ejemplar de alcornoque tarda entre 40 y 50 años para alcanzar el diámetro adecuado y ser económicamente productivo. “Nadie se ha tomado el trabajo de hacer nuevas plantaciones. Se extrae de bosques naturales”, dice Coselmo.“Además, a diferencia de lo que ocurre con los tapones sintéticos, el corcho es una suerte de mensajero de las cosas que pueden estar ocurriendo en el vino. Algo que un tapón plástico no proporciona. El problema es que la oferta de corcho no crece, tiene un techo, mientras que la demanda de vinos y de tapones naturales aumenta”, agrega Luis Fontana, enólogo de la misma escuela.
Según los especialistas, para los vinos jóvenes de consumo rápido (antes del Año), el plástico puede ser una opción interesante. En cuanto a los vinos de guarda, que necesitan añejarse, aún se está en la etapa de prueba y no se sabe qué sucederá.
¿El sabor del vino es el mismo con uno u otro corcho? “Para mí siempre hay una pequeña diferencia. Es normal, por las condiciones de hermeticidad total que tienen los cierres sintéticos. El corcho natural permite un pequeño pasaje de oxígeno. Insisto: para los vinos muy jóvenes, lo sintético podría ser una opción muy interesante; para los demás, me quedan ciertas dudas”, opina Manuel Louzada, director de enología de Bodegas Chandon. Y agrega: “Me parece que en la Argentina todavía hay cierta reticencia a pasar de un corcho al otro”.Portugal es el mayor exportador de corchos en el mundo, con un 60 por ciento de la producción global. Allí se fabrican unos 15.000 millones de tapones de corcho al año. El resto de la producción se reparte entre España, Italia, Marruecos y Francia.“Somos partidarios de los cierres sintéticos de buena calidad porque no producen la contaminación del producto. En nuestro caso y para la exportación, cerca de un tercio de los vinos varietales jóvenes que elaboramos tienen este tipo de corchos. Aunque todavía hay mercados que no están preparados: Inglaterra, por ejemplo, los acepta muy bien, pero no es el caso de Alemania”, explica Jorge Arpi, presidente de la División Internacionales del Grupo Peñaflor. “En nuestro país, creemos que en el corto plazo las líneas innovadoras serán más favorables a la incorporación de cierres sintéticos”, concluye.ImperfeccionesLas cualidades de un corcho natural dependen del grado de porosidad e imperfecciones que presente. En el país, Arpex Argentina importa y distribuye anualmente unos 15 millones de corchos naturales y colmatados (sus fallas se rellenan con corcho molido). “Nos dedicamos más que nada a vinos de guarda, segmento en el que se prefiere el corcho natural antes que el sintético”, dice Pedro Bugatti, socio gerente de la empresa. El precio del millar de corchos puede oscilar entre los 100 y los 1000 dólares, según la calidad.
Fuente: María Escurra


