El INV Confirmó Bajas en la Cosecha

Mendoza, la principal productora de vid del país, tendrá el 3,3% menos que en 2008. En San Juan será del 20%. Sigue la tendencia negativa. El granizo es uno de los motivos primordiales. “Será un año muy complicado en cuanto a la competividad de nuestros vinos”, sostuvo el presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), Guillermo García, quien indicó que el organismo “está midiendo el 16% en la caída de la producción” en los últimos años …
El pronóstico de cosecha dado ayer, que rectifica las cifras de diciembre, indica para la producción de Mendoza 17.636.599 quintales, es decir una disminución del 3,3% con respecto a 2008. Para San Juan, la vendimia estimada es de 6.610.086 quintales, lo que significa una merca del 20,51%. Esto representa para la región cuyana una merma de casi 8% (7,95%) en relación con 2008 y del 15,57% con respecto a 2007, considerado un año “normal”.
Representantes del Este en la reunión de ayer del INV, en la que se formularon estos datos, se mostraron disconformes con el pronóstico del organismo.
Tanto Osvaldo Blengini, de la Cámara de Comercio y Agricultura de Rivadavia, como Raúl Rearte, del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, coincidieron en que se está cosechando entre el 20 a 25% menos en el Este mendocino y “aun en zonas donde no cayó granizo”.
Por su parte, Sergio Villanueva, de la Unión Vitivinícola Argentina, y Juan Carlos Pina, de Bodegas de Argentina, manifestaron que confían en los pronósticos de cosecha del INV y que lo que puede estar influyendo en las apreciaciones es la disputa por el precio de la uva.
García dijo que no tenía precisiones sobre los porcentajes de disminución en el Este. Admitió que el granizo produjo serias pérdidas en Rivadavia, Santa Rosa y Junín pero señaló que, en cambio, habría una cosecha regular en San Martín. “No hay que llevarse por percepciones”, contestó Villanueva ante dichos de Rearte y señaló que el rendimiento en Rivadavia es de 143 quintales por hectárea.
Heladas y granizoPara el INV, la disminución de la producción en Mendoza obedeció a heladas y granizo, problemas de brotación, floración y cuaje en algunas variedades de alta producción. Además de en el Este, fueron notables las pérdidas en lugares de General Alvear y San Rafael. En cuanto a San Juan se debe a accidentes climáticos en departamentos de mucha producción como Caucete, 25 de Mayo y Sarmiento.
García expresó que en la problemática, en relación con la competitividad, juega un factor importante la crisis internacional. No se observa crecimiento del comercio y no habría demanda importante de mosto del exterior.
El titular del INV advirtió que las cifras del pronóstico dadas ayer son de acuerdo a datos hasta el 10 de febrero, ya que el informe fue adelantado para acelerar el porcentaje destinado a mosto este año del acuerdo Mendoza-San Juan, que estaría cercano al 20%. Además, hay que tener en cuenta que falta más de la mitad de febrero y la probabilidad de lluvias, lo que “puede ser muy relevante” en los datos.
En cuanto al pronóstico de la vendimia de Mendoza pasó del 3,4% positivo en diciembre al 3,3% negativo en febrero. Esto representa alrededor de un millón de quintales de diferencia.Rendimiento promedio en Mendoza: 2007: 127 quintales por hectárea. 2008: 115 quintales por hectárea. 2009: Menor a 106 (dato en ajuste).
Fuente: Diario Uno

El Vino y los Días...

«El pasaje de la uva al vino es, entre otras transformaciones, el resultado de un conjunto de separaciones que se engloban actualmente bajo el nombre de “maceración”. La palabra es, por otra parte, antigua (siglo XV), y se aplica a la manipulación muy sencilla que: “consiste en dejar, para extraer las partes solubles”. Se ha preparado siempre así en la cocina o el laboratorio, algún caldo, tisana, infusión, colada o decocción por maceración en caliente o en frío, de raíces, hojas o meristemas”.
“Hacia fines del siglo XIX” – añade E. Peynaud – “se utilizaba la expresión “vino de maceración”, para el vino grosero que quedaba sobre los orujos veinte a treinta días. Pero es L. Mathieu, director de las estaciones enológicas de Beaume y Burdeos, uno de los primeros, en 1919, que emplea “maceración” en su sentido moderno, uno de los grandes capítulos de la vinificación en tinto, del mismo título que las fermentaciones, las precipitaciones, las floculaciones. Hoy, el vinificador capaz, conduce la maceración como conduce la fermentación maloláctica.
En los procesos tradicionales, la maceración es concomitante y así mismo tributaria de la fermentación, pero algunos han buscado separarlas para, pretendidamente, controlarlas mejor, sin que este procedimiento sea para otros, entre ellos vuestro servidor, plenamente convincente.
“El vino tinto es un verdadero macerado de películas, de semillas y de tabiques celulares de la pulpa. Es a la maceración de estos tejidos, su, sueltos o coherentes, que se deben sus materias extractivas características: antocianos del color, taninos y otros compuestos fenólicos, sustancias nitrogenadas, polisacáridos, sales variadas, principios aromáticos y sus precursores. S lo que hace la distinción analítica entre el vino blanco y el vino tinto, y de cuyas proporciones dependen los fenómenos de maceración”.
Más adelante el autor, la efectuar la distinción entre las vinificaciones de vinos blancos y tintos, escribe sobre estos últimos: “En lo opuesto, la maceración obtenida en la vinificación en tinto, no debería ser total, es una extracción fraccionada, parcial y selectiva. Se trata de disolver entre los constituyentes de la uva, todos aquellos que son útiles, dotados de un buen aroma y un buen sabor, pero solamente ellos y en proporciones equilibradas. Todo no es bueno en la uva y para hacer el vino es necesario tomar lo mejor y dejar el resto”.
“Hay en la película y las semillas sustancias de gusto herbáceo, vegetal, acre, amargo, astringente, sustancia con olor a hoja, verdes, es suficiente masticar las películas o las semillas para comprobarlo. Estos productos no tienen cabida en el buen vino, menos aún, en los grandes vinos. Algunos son deseables, otros no deben sobrepasar una cierta concentración. La maceración debe ser suave y el contacto sólido-líquido voluntariamente limitado. Según una fórmula frecuentemente repetida, el vino no es toda la uva, solo representa su mejor parte”.
Para E. Peynaud, los diversos métodos de vinificación están basados sobre la heterogeneidad del grano de uva. “A partir de una misma vendimia” – escribe- “es posible obtener vinos diferentes, muy variables, según igualmente se extraigan de preferencia las sustancias localizadas en las películas o aquellas que se encuentran en la semillas”. “Es el modo y la importancia de la extracción, lo que a fin de cuentas define el tipo del vinos obtenido”.
Sin embargo, hacia la época que E. Peynaud expresaba estos conceptos, se desconocían muchas de las adquisiciones recientes de la fisiología vegetal, por una parte y por otra de una novedosa investigación enológica. Quizá por estas circunstancias escribir respecto a la selección de los constituyentes del grano de uva: “Esta separación reposa sobre nociones aún insuficientes”, “nos falta” – añadía – “una definición del medio heterogéneo que es la vendimia estrujada. No se conoce completamente la localización en los tejidos del fruto, los futuros constituyentes del vino, ni las leyes que rigen su pasaje de la célula, muerta o viviente, intacta o destruida, la líquido. Se ignoran los factores y los últimos mecanismos de la maceración y las reacciones enzimáticas que intervienen en la rotura de los tejidos celulares”.
“En la cuba de fermentación”- sostiene – “las partes sólidas de la vendimia estrujada, llamados “orujo”, son mantenidas en suspensión por los bolsones de gas carbónico; el orujo es voluminoso y no ocupa menos de un tercio del volumen de la vendimia de ciertos cultivares. Un tercio de este orujo –“llamado en este caso “sombrero” – “sobrenada en la cuba por encima de la fase líquida, y son los dos tercios sumergidos, la sede de la fermentación del mosto. Es en esta zona, bien delimitada, que tienen lugar los intercambios que ponen en juego los efectos de disolución, de solubilización, de imbibición, remojado, decocción, infusión, dispersión, difusión, y sin duda, de endósmosis y exósmosis a través de las membranas tisulares de la uva.
Luego añade: “La temperatura elevada , la formación del alcohol, la asfixia de las células, las acciones enzimáticas, las hidrólisis de las pectinas, acentúan este intercambio, mientras la corriente ascendente del gas carbónico, la compacidad del “sombrero” y la desecación de su superficie: son factores limitantes.
Se ha creído facilitar la maceración manteniendo forzadamente el orujo sumergido en el mosto, según el procedimiento bien conocido indicado para el abate Bertholon, en su comunicación a la Academia Real de las Ciencias de Montpelier en 1780. De hecho, la mayor comprensión del orujo, mantenido hundido por rejillas al efecto, su menor permeabilidad al gas y al mosto, hacían ilusorios los resultados. El interés del sistema es por otra parte una mejor protección ante el contacto con el aire en la cuba abierta. Pero los argumentos fueron suficientes para justificar la atención favorable acordada en nuestros días a este dispositivo de encubado. Ellos ha dado lugar a múltiples variaciones”.
“La superficie de contacto entre el orujo y el mosto, depende de la forma de la cuba y su volumen. Las disoluciones se ejercen mejor en las cubas de capacidad media, nachas y bajas, como eran las antiguas cubas de madera, que en los grandes tanques metálicos, frecuentemente altos y de forma tubular. El espesor del “sombrero” a igualdad de volumen, es menor en las primeras, y en consecuencia la permeabilidad es mejor. Se tiende a abandonar actualmente la construcción de esos inmensos tanques en forma de torres, que inducen maceraciones insuficientes, y se fabrican cubas más cuadradas, más rechonchas, cuya altura casi iguala su diámetro, y cuya superficie de contacto entre mosto y orujo es más favorable”.
“Los progresos esenciales, si bien indirectos, que trajera la cuba cerrada, fuera de los méritos propios de protección frente al aire, fue la sustituir los desplazamientos moderados del líquido de las manipulaciones atacando el “sombrero”, reemplazando una maceración forzada por una suave. Cuando aparecieron las cubas cerradas, el orujo dejó de ser accesible como antes, y apareció la idea de renovar la superficie sólido – líquida mediante desplazamiento de la fase líquida. El remontaje resulta así consecuencia lógica de la utilización de la cuba cerrada”.
“El procedimiento antiguo que consistía en extraer algunos decalitros de mosto por la parte inferior de la cuba cerrada y luego verterlos arriba del “sombrero” para humedecerlo y refrescar la superficie; era la prefiguración, una de las primeras descripciones del remontaje, como los prescribiera Landrey (1857). De hecho, hace apenas 100 años que se remontan las cubas. Esta operación que se llama también “colada” (efecto de lavar), o también “rovinage”, en francés (de “roviner”: levantar con fuerza, violentamente y volcar con potencia, o bien dejar precipitar luego con impetuosidad. Según Robert: Dictionnaire Historique de la langue francaise), consiste en dejar caer el mosto en fermentación en un recipiente abierto, por el clapet inferior de la cuba, retomando con la bomba y hacerlo reciclar, regando uniformemente la superficie del sombrero. El remontaje tiene también otras propiedades, puede ser ocasión de un refrescamiento para mantener la temperatura de fermentación dentro de límites convenientes o aireación para activar la multiplicación de las levaduras”.
“Yo creo muy bien haber encontrado aquí y allá” – expresa Peynaud – “todos los modos de remontado. Cuando se practican con ayuda de una bomba de mano, yo debí frecuentemente insistir, ante los responsables de la bodega, en aventurar su frecuencia y duración. Pero desde el momento que se acopla el motor eléctrico a la bomba, yo he debido intervenir en otro sentido para limitar, razonablemente, su número y los volúmenes desplazados. Entre las prácticas existentes la tendencia hacia un celo intempestivo para acentuarlos. Para ellos el remontaje – torrencial, que inunda el sobrero - se convierte en un ejercicio cotidiano, repetido durante toda la duración del encubado. Dejan funcionar la bomba para repasar muchas veces el volumen de la cuba e incluso llegan hasta practicar, me atrevo de decir, una transfusión total, retirando de la cuba todo la parte líquida y luego la reenvían a doscientos litros por minuto, sobre el orujo prácticamente agotado. Cometen así, los mismos errores que el ciego remontaje automático de los años 30. Este sistema utiliza igualmente la presión del gas carbónico, obtenido en la cuba, bloqueando por un tiempo su desprendimiento para levantar el mosto hasta el recipiente superior, desde donde cae el vino en una brusca cascada, proceso que se repite tras intervalos regulares. De la misma manera, los reponsables de bodega, que yo llamo “lavadores”, agotan el orujo hasta el extremo de extraer su amargor y astringencia en le vino de gota, obteniendo vinos de prensa lavados, descarnados y finalmente inutilizables. En cuanto a mi, me las arreglo, por el contrario, para que el vino de prensa sea un vino “curativo”, es decir, mejorador, corrector. Yo gozo en tener reservas de buenos taninos, que utilizo en proporciones bien determinadas, ya que aporta a la cuba la carnosidad y gratitud.
Emile Peynaud (Dunod 1988) Capítulo: “Le vin rouge est un macéré de rainsin”, pag: 244. Traducción Raúl de la Mota.

Beber Vino, es Bueno para la Vista

Según recientes estudios, un consumo moderado de vino se ha revelado como la mejor manera de prevenir un gran número de enfermedades...
Un consumo moderado de vino se ha revelado como la mejor manera de prevenir un gran número de enfermedades, como las relativas a la vista, que tanto afectan a las personas de la tercera edad. Entre los estudios realizados al respecto, destaca el que ha sido recientemente desarrollado en Estados Unidos, que ha llegado a la conclusión de que beber vino en cantidades moderadas (una copa al día) reduce el riesgo de degeneración macular, la causa más frecuente de ceguera entre las personas mayores de 65 años.
Este estudio se ha llevado a cabo por científicos del Hospital de Howard de Washington, los cuales han llegado a esta conclusión tras estudiar los casos de más de 3.000 pacientes entre 45 y 74 años, que presentaban cambios sospechosos en sus máculas, una mancha amarilla de la retina que contiene las células nerviosas y que proporciona la visión central.
Curiosamente, este estudio fue realizado con la finalidad contraria, que era la de confirmar que los pacientes consumidores de alcohol tenían más riesgos de padecer enfermedades de la vista. Sin embargo, y con gran sorpresa, los científicos se encontraron con unos resultados completamente opuestos, los bebedores de vino tenían un 19% menos de riesgo de desarrollar la enfermedad que los abstemios. Al parecer, los antioxidantes que contiene el vino producen un efecto protector ante este tipo de patologías.
Fuente: InfoWine

Caracteres Herbáceos

Como Evitar Caracteres Herbáceos en la Viticultura y Enología de Cabernet Sauvignon
Los profesionales que desarrollan su actividad dentro de la vitivinicultura local cuentan con un capital invaluable basado en el conocimiento validado por años de experiencia en la región. Desde este lugar de conocimiento y experiencia pueden brindarnos valiosos aportes, como información, opiniones y/o su visión de la industria vitivinícola local y sus problemáticas tanto usuales como recientes. Mediante el siguiente escrito el Lic. en Enología Ángel Mendoza nos hace entrega de una revisión y de su visión de la problemática del manejo del carácter herbáceo del Cabernet Sauvignon.
Compuestos Terpénicos
Usualmente cercanos a los viñedos pueden hallarse plantaciones de especies fuertemente aromáticas. Cuando al momento de la degustación de los vinos provenientes de esos viñedos, se encuentran notas aromáticas distintivas de los cultivos o plantas presentes cerca de las vides, suele pensarse que puede haber ocurrido algún tipo de “aporte”, de tales especies al complejo aromático del vino. En el siguiente artículo y desmitificando este folklore popular se evalúa el origen de un compuesto aromático característico de una especie arbórea muy aromática, hallado también en los vinos y uvas de la variedad Tannat.
Efecto de la variedad de uva, y las condiciones de fermentación del mosto sobre algunos compuestos volátiles del destilado producido a partir del mosto fermentado.
Los destilados son productos derivados de la industria vitivinícola que poseen un particular proceso de producción y propiedades químicas. Debido a que el proceso de destilación arrastra consigo a un gran número de compuestos volátiles que pasan al producto, muchos de estos compuestos resultan tóxicos para el ser humano, limitando y eliminando toda posibilidad de consumo en algunos casos, como el metanol. Por ello la legislación al respecto fija niveles límites para los mismos. De esta manera, tanto el proceso de producción como las propiedades químicas finales del producto de la destilación, son importantes en la determinación de la calidad y aptitud de consumo de los mismos.
Inducción de la fermentación maloláctica por utilización de bacterias de siembra directa.
La fermentación maloláctica suele ser realizada de manera espontánea en algunos vinos o inducida mediante la siembra de cultivos de bacterias lácticas. En el mercado actual se dispone de un cierto número de cultivos comerciales. El presente estudio muestra una evaluación de algunos de ellos en cuanto a requerimientos del medio y performance en tres vendimias con características distintas. Nos orienta así a pensar que según las características de la vendimia es que debemos orientar la selección del cultivo a utilizar.
Fuente: Varias

El Fenómeno Aluvional en Mendoza IV

Legislación
Numerosas leyes y normas han tratado de reglamentar el curso de las aguas pluviales, la desforestación y forestación de bosques en pendientes, sin lograr la efectividad necesaria, debido a que por lo general, no se aplican ó porque se trata de Programas costosos y difícilmente realizables, por su gran envergadura espacial.
Así, el artículo 201 de la Ley de Aguas prevé el problema de la deforestación de cuencas en función del buen régimen de las aguas. El monte propio de la precordillera, atenúa la crecida deteniendo y dispersando los torrentes aluvionales. Viniendo a constituirse en pequeños diques que hay que preservar.
La ley n° 3596-69 sobre loteos, especifica que el fraccionamiento de terrenos dentro de los cauces aluvionales, (hecho muy común en nuestra región, por la geografía en la que está ubicada la ciudad de Mendoza), deberán contar con un adecuado sistema de defensas, alcantarillado y acequias que permiten el libre escurrimiento de las aguas.
Esta ley, por ejemplo, no debió alcanzar a ser puesta en práctica antes de 1970, ya que fue sancionada en 1969. Y aún hoy, cabe preguntase, ¿cuántos barrios del oeste poseen estas defensas que prevé la ley?.
Al respecto, hace pocos días, durante una de esas tormentas repentinas, varias viviendas del barrio La Favorita, fueron destruidas por el paso de un torrente descontrolado, que bajó de la cerrillada. La causa, según los residentes de la población, es la falta de defensas, aunque también se debió a la falta de precaución, de quienes irresponsablemente se asientan para vivir, sobre hechos de ríos dormidos. Este tipo de actitudes se han vuelto muy comunes en los últimos veinte años, por la evolución demográfica, por la acción de un sistema socioeconómico, que ha ido marginando a muchos individuos alrededor de la ciudad, o atraídos por un mundo mejor, abandonaron las zonas rurales improductivas y también por la actitud benévola e indiferente, que ha permitido el ingreso de inmigrantes marginales en sus propios países, que han engrosado los caseríos del piedemonte y aumentado el número de personas al que el pueblo y gobierno mendocinos, deben proveer de defensas y otras infraestructuras, que muchas veces no están al alcance de los recursos financieros provinciales, y que se necesitan para atender a la sociedad local.
Por lo tanto, es necesario realizar un mayor y más eficiente control del crecimiento urbano, en la periferia de la ciudad de Mendoza y constatar si los nuevos asentamientos, que las circunstancias mencionadas producen, se hallan en áreas protegidas del riesgo aluvional. Si esto no fuese así, debería advertirse a los habitantes de esas villas, acerca de la situación en que se encuentran, o proceder a su erradicación en caso de que no sea posible la realización de obras antialuvionales, en el sector del problema.
Si exceptuamos esta situación social, que forma parte de nuestra realidad y que está relacionada con el espíritu solidario y abierto; apreciamos que se producen falencias y falta de valoración en las provisiones de defensa aluvional.
"Se favorecen programas ó proyectos más fáciles de evaluar, en detrimento de aquellos que teniendo más sentido, resultan más difícilmente cuantificables".
Esto está relacionado, con los beneficios que produce la concreción de u proyecto, que en el caso aluvional, es muy difícil de evaluar, por la naturaleza del fenómeno, (dispersión espacial amplia de los aluviones). Como consecuencia de ello, las inversiones públicas en defensa antialuvional, queda rezagadas con relación a otras inversiones públicas.
"Además carecen de espectacularidad política, con relación a otras más impactantes y fáciles de publicar".
No estamos de acuerdo con la afirmación anterior. La sociedad, en general, sabe apreciar el valor de las obras públicas, siempre que se nos informe de su importancia. Cierto es que estas obras no se realizaban muy a menudo en la época de estas declaraciones y si se efectuaban, poco importaba la opinión pública en 1978.
Fuente: Lic. José Osvaldo Antequera

El Fenómeno Aluvional en Mendoza III

Origen del problema
Para hablar del origen del problema aluvional de Mendoza, que provocó la gravosa inundación del 4 de Enero de 1970, es necesario sustraerse de esa sensación ciega que nos lleva a manifestarnos como dueños de la tierra. Dominantes, nos hemos asentado sobre ella para levantar las paredes que nos han ido obstruyendo la visión majestuosa y natural de la cordillera de Los Andes. Unica dueña de la realidad, de su geografía amplia y avasalladora, a cuyos pies nos hemos puesto a existir.
Esa realidad, a veces poco observada, posee condiciones naturales imposibles de modificar: pronunciadas pendientes, escasa vegetación, cauces torrenciales cuya vida se relaciona con la intensidad, frecuencia y duración de las precipitaciones .
La actividad del hombre también está ligada al problema, al involucrare en el crecimiento de las ciudades. Situación que creemos corresponde a Mendoza, (en lo referente al origen del problema), puesto que el aluvión ya bajaba antes de que el mendocino extendiera la ciudad. Es decir, las aguas excedentes de las precipitaciones intensas, ya inundaban las huertas de los Huarpes instalados en estos valles, quienes no tenían otra posibilidad para sobrevivir que el cultivar y asentarse cerca de estos cauces, que si bien evolucionaban repentinamente, proveían benéficamente a su existencia. Esto indica que la ciudad de Mendoza no habría prosperado en la forma que los hizo, si sus comienzos hubieran sido cimentados en el desierto de La Paz, por ejemplo.
Entonces, el crecimiento de la ciudad de Mendoza no modificó el origen del problema, sino que sus habitantes pusieron en riesgo su vida al enfrentar el fenómeno, porque las simientes de los primeros pobladores, produjeron profundísimas raíces imposibles de transplantar. Por instinto quizás ó por necesidad, al igual que el hombre primitivo, seguimos habitando este suelo impredecible como la naturaleza.
De esta manera, a través de la historia de Mendoza, la ciudad creció para dejar de ser una simple aldea del oeste argentino y más habitantes fueron quedando expuestos al escurrir de las aguas pluviales, provocando el fenómeno aluvional de consecuencias catastróficas.
La situación se ha transformado en un problema, porque al darse las condiciones para que la ciudad creciera, su habitante ignoró los arroyos naturales, que desde siempre han descendido de las altas cumbres, cerrándoles el paso y desviándolos de su curso; ocultándolos bajo una pesada capa de asfalto, provocando la obstaculización de sus funciones naturales y específicas: el escurrimiento de los excesos pluviales de la precordillera y el piedemonte.
Si observamos retrospectivamente la forma en que fue extendiéndose la ciudad de Mendoza, tomando como elemento los diversos planos existentes desde su fundación en 1561, notaremos como, por diversos motivos, se han ignorado en estos registros, los accidentes geográficos del valle de Huentota.
No ocurre lo mismo con el plano de 1802, registro topográfico que muestra las zonas cultivadas del Gran Mendoza, dando una gran importancia a los canales que riegan los sembradíos; aunque resulta difícil ubicarlos, se advierte como influyeron en el desarrollo agrícola de Mendoza. Todos corren de Sur a Norte, menos el del Desagüe y la parte final del Zanjón, quienes lo hacen de Oeste a Este. Una interesante característica es que, aparece un zanjón más, que corre en esta dirección y que podría ser el Frías.
Existen algunas pruebas de que el Frías habría atravesado el Tajamar y el Zanjón en sus grandes avenidas y se haya prolongado hasta Rodeo de la Cruz. Esto evidencia su peligrosidad desde antiguo.
Se afirma que se confeccionó un plano de la ciudad de Mendoza en 1810, pero lamentablemente no ha sido posible hallarlo.
En 1822 se preparó otro plano. En él se aprecia la realidad topográfica de aquel momento. La ciudad se ha extendido hacia el Sur y el Norte, y sus manzanas aparecen ya obstaculizando algunos cursos de aguas que seguramente, se desviaban hacia el Tajamar, quien junto con el canal Cacique Guaymallén, son los únicos que aparecen indicados en este plano .
El plano de 1856 muestra una ciudad que se ha extendido tres manzanas más hacia el Sur bloqueando, aún más los cauces naturales.
Producido el terremoto del 20 de Marzo de 1861, se trasladó la ciudad al Sudoeste de la antigua, construyéndose en los terrenos públicos de la Hacienda de San Nicolás. Pero la vieja ciudad siguió en pie, volviendo a levantarse en medio de las ruinas. Por estas circunstancias, es que aparecen juntas (la nueva y la vieja), en el plano de 1872. Aquí el Zanjón Frías aparece con el nombre de Astorga, con un brazo que se dirige al Sur, desconocido hasta entonces y que denominan "Río Seco" más abajo, cae en el cauce del actual Cacique Guaymallén con el nombre de Zanjón Escarpe. Otro río seco aparece desde la Acequia del Estado hasta llegar, en forma muy sinuosa a la Avenida San Martín, en las proximidades de la actual calle Godoy Cruz.
Esta interpretación de Dragui Lucero, aporta datos referidos a los ríos secos, que hoy no podemos hallar en sus sitios originales y confirma la situación de bloqueo ha que han sido sometidos, desviando sus aguas por otros cauces que sumadas a las propias, ciegan su función.
Otros canales que aparecen en el plano de 1872 son, la Acequia del Estado (actual Jarillal); Acequia Guevara (actual calle Paso de Los Andes), que hoy no puede observarse; el Tajamar y el Zanjón (actual Cacique Guaymallén); y canales Tobar Grande y Tobar Chico.
La anarquía edilicia continúa complicando a la geografía, y obstinadamente, el mendocino busca instalarse más hacia el oeste, obstruyendo cada vez más a las acequias, que poco a poco irán desapareciendo bajo elegantes viviendas, rústicos albergues y empinadas avenidas.
De esta manera, en el plano de 1908, se proyecta la continuación al Oeste de las calles de la nueva ciudad.
"Este requerimiento de las zonas altas obedece a un imperativo de salubridad pública. Se busca afanosamente el aire fresco, el agua pura y un sentido estético al acercarse a la montaña y tener dominio visual del panorama del Este que brinda la altura".
Ahora, ¿no habían ocurrido ya acontecimientos aluvionales catastróficos?. Recordemos la inundación devastadora de 1895. No obstante, en 1911 se aprobó el proyecto de expansión de la ciudad hacia el sudoeste, sin incluir una sola plaza y ni una sola avenida que corriera de Sur a Norte, en medio de 100 manzanas. Y ¿qué decir de las acequias y canales?. Simplemente no se mencionan. ¿Por qué?. Según Dragui Lucero:
"Esta forma increíblemente simplista y maciza de proyectar una ciudad revela la despreocupación más elemental por las exigencias urbanísticas más irrenunciables"
Ricardo Ponte, no cuestiona estas situaciones y muestra a una ciudad sin culpas, evolucionando de acuerdo a sus posibilidades y necesidades.
Confirma nuestra apreciación sobre la ubicación de la ciudad de Mendoza, en zona de riesgo natural cuando dice:
"La ciudad está allí donde existe la posibilidad del agua (para riego y consumo) originada en los deshielos cordilleranos".
Comparte la opinión de Dragui Lucero sobre el crecimiento urbano en planos escalonados, que él llama "bandas" e ilustra esa opinión en forma gráfica.
"La ciudad nació en su porción más baja, por donde ya circulaba el agua de riego y su crecimiento hacia el Oeste fue a contrapendiente, mediante el riego artificial a través de acequias, que fueron apareciendo en su desarrollo histórico"
Menciona en principio, tres bandas que responden al uso agrícola primero y urbano después, como consecuencia del crecimiento. Después una cuarta banda conformada a mediados de este siglo, posee otras características, porque no le ha dado origen un curso de agua, sino la voluntad de ganar el piedemonte. Esto, respondería según Dragui Lucero, en su citada obra, a un interés estético. Ponte nada dice de ello.
Finalmente manifiesta que la forma palmeada del Gran Mendoza, responde a la forma de discurrir el agua por sus hijuelas de riego que son como nervaduras de una palma y vincula el crecimiento urbano con este sistema de riego de origen prehispánico, en algunos casos.
Es decir, Mendoza urbana fue creciendo entorno a estas acequias que antiguamente regaron sus vides. También sus calles se alinearon paralelamente a las hijuelas. Se trata de una necesidad imperiosa para sobrevivir en medio de un desierto que no contempla la anarquía urbana como consecuencia.
En cuanto a la desertificación de zonas rurales, sí podríamos culpar al hombre, pero solamente a la que se produce irracionalmente y que no es fruto del hombre que vive en estas zonas y que se nutre de las posibilidades naturales para conseguir sus necesidades básicas, (leña, piedras, frutos silvestres, etc.), sino de aquel que busca enriquecimiento, transformando su actividad en depredación.
Además, existe un fenómeno también natural, que está expandiendo continuamente los desiertos.
El pastoreo primitivo, también está inserto en el origen del problema, ya que produciría la desaparición de la escasa flora del piedemonte. Este tipo de pastoreo ya no existe prácticamente, aunque sí persiste la necesidad de proveerse de alimentos por parte de los que hoy, por distintas razones, habitan el piedemonte y que poseen ganado caprino para industrializar productos que servirán para su propio sustento y/o para comercializar por otros, que cubran otras necesidades. Sin embargo, al no tener grandes dimensiones, no influye aumentando el riesgo aluvional.
Por lo tanto, el fenómeno aluvional se ciñe a, un piedemonte erosionado por torrentes que provocaron las precipitaciones estivales, irregulares y desiguales en tiempo y espacio, de gran magnitud (81 mm/hora el 31 de diciembre de 1959). Estos elementos, más la existencia de pendientes del orden del 5 % al 10 %, dan como resultado un fenómeno de alta peligrosidad aluvional, que puede llegar a producir pérdidas humanas y materiales en construcciones civiles, carreteras, ferrocarril, sector industrial y, geográficamente, acentúa el grado de erosión, constituyendo un peligro más ante la posibilidad de una futura inundación.
Fuente: Lic. José Osvaldo Antequera

El Fenómeno Aluvional en Mendoza II

Antecedentes
Síntesis aluvional de Mendoza
Al estudiar la historia de la ciudad de Mendoza, advertimos la gran cantidad de víctimas y daños materiales provocados por los escurrimientos que bajan del área pedemontana. Para ilustrar este aspecto de nuestra realidad, como habitantes en riesgo permanente de una zona alterable, recurrimos a una síntesis de los eventos más importantes .
En 1716 una gran inundación destruyó gran parte de los edificios céntricos, entre los que se hallaba la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto.
En 1754 una inundación puso en peligro a los pobladores de la vieja ciudad fundada en 1561.
En el año 1895 se precipitó sobre la ciudad y los alrededores, una lluvia de características inusuales, provocando una verdadera catástrofe. El agua que descendía de la cerrillada del Oeste, arrastraba a su paso, puentes, troncos de árboles, numerosos puestos de la sierra, y posteriormente, ropas, muebles, animales muertos y enceres de las casas de los barrios pobres, situados al oeste de la ciudad. Este aluvión produjo 24 víctimas, doscientos heridos e infinidad de familias sumidas en la miseria, por haberlo perdido todo por su causa.
En el año 1900 se produce una crecida en el río Mendoza, que destruye parte del Dique Luján, hoy Cipolletti, y deja sin agua al canal Zanjón que proveía este elemento a la ciudad. Dos días después una fuerte lluvia caída en las serranías del oeste, provocó una avenida torrencial que inundó propiedades, viñas y casas.
En 1920, el 18 de Enero, una crecida del río Mendoza, destruye parte de las obras de defensa existentes en La Toma. El hecho se repite el 31 de Enero del mismo año, provocando nuevamente pánico en la población.
En el año 1934 se produjo en el río Mendoza una crecida, que provocó cuantiosos daños. La catástrofe se originó en Punta de Vacas, en la confluencia del río Tupungato con el río Mendoza. Un glaciar obstruyó el cauce del río, produciéndose una especie de dique de contención, que al ser arrasado por la fuerza de las aguas produjo una crecida que se prolongó hasta la localidad de Palmira. Las aguas destruyeron la Usina de Cacheuta, el Hotel de esa localidad, casas, caminos, puentes, edificios y vías férreas que se hallaban a su paso. El número de víctimas sobrepasó las 20 personas y los daños se estimaron en más de 250.000 dólares.
En los años 1954, 1956 y 1957, se produjeron considerables crecidas en el río Mendoza que provocaron daños, especialmente en las zonas de Cacheuta y Potrerillos.
El 31 de diciembre de 1959 una intensa lluvia, caída en las cerrilladas del oeste y sobre la ciudad misma, provocaron inundaciones y daños en le centro de Mendoza. El comercio resultó muy perjudicado pero no se registraron víctimas. Las pérdidas económicas fueron superiores a los 220.000 dólares.
El 4 de Enero de 1968, se produjo otro evento de importancia en el departamento de Las Heras. Las pérdidas fueron calculadas en 435.000 dólares. El mismo día, otra avenida torrencial asoló el departamento de Tupungato que arrasa plantaciones y las pérdidas se estimaron en 2.150.000 dólares.
Otro acontecimiento digno de ser destacado en el aluvión que asoló el departamento de Las Heras, el 4 de Febrero de 1968. Una enorme masa de arena y barro se desplazó sobre ese departamento y quedó depositada en importantes arterias y propiedades aledañas.
La peor catástrofe soportada por la provincia ocurrió el 4 de Enero de 1970. Una fuerte tormenta se precipitó sobre la cuenca del Frías, que provocó la destrucción del dique homónimo, originando una avalancha de agua y lodo que inundaron las zonas de influencia del dique. El hecho provocó más de 24 víctimas fatales y los accidentados se estimaron entre 1500 y 2000 personas. Los daños materiales se calcularon en una suma superior a los 23.000.000 de dólares. A las referencias anteriores deben sumarse las pérdidas millonarias por inundaciones, en Chacras de Coria, Vistalba, Costa de Araujo y Perdriel. Además de las pérdidas de cosechas, que en algunos lugares fueron totales, debe tenerse en cuenta el lucro cesante, ya que muchas plantaciones no dieron frutos hasta dos años después. Referente a la red vial, solamente en reparación de caminos destruidos debieron invertirse más de 790.000 dólares.
Fuente: Lic. José Osvaldo Antequera

El Fenómeno Aluvional en Mendoza I

Introducción
Las condiciones ambientales a que está sometida la ciudad de Mendoza, hace que, por ejemplo, una gran precipitación en la precordillera ó en el piedemonte, derive en rápido torrentes que buscan la huella originaria por donde discurrir, en forma atenuada ó vertiginosa, según haya sido la magnitud de la tormenta. Mientras que, en el cono urbano, el fenómeno torrencial no se produce, o apenas se evidencia en forma de lluvia muy leve. Es decir, un panorama tranquilo y austero puede transformarse en un caos de agua y barro, que súbitamente irrumpe sobre la ciudad. Es entonces, cuando vemos el trabajo esforzado que hace, a través de sus mecanismos, por deshacerse rápidamente de la inundación, para lo que necesita de numerosas acequias, perfectamente limpias y abiertas, sin techumbres que las cieguen.
El destino, impuesto por el hombre, ha emplazado a la ciudad de Mendoza en las últimas hondonadas de la cordillera de Los Andes. A veces, pasos naturales de las aguas primigenias, esos accidentes topográficos se han ido cubriendo con el crecimiento de la ciudad. No obstante ha sabido defenderse. Salvo algunas catastróficas excepciones, ha esparcido las aguas haciéndolas menos peligrosas y justamente las excepciones se han debido, además, a otros factores, humanos en muchos casos, que han operado negativamente complicando aún más, una situación de tipo natural, por la zona de asentamiento urbano.
Nuestro tema, la grave inundación del 4 de Enero de 1970 es ejemplo de lo dicho. Hecho al que habría contribuido el hombre, el mismo habitante de la ciudad casi indefensa, ante una geografía de naturaleza hostil y de una composición humana distraído, negligente y hasta hace poco tiempo indiferente.
Por ello creemos que esa tragedia pudo evitarse ó atenuarse.
En la búsqueda de aclarar los interrogantes, analizaremos todos los elementos a nuestro alcance.
Nuestra hipótesis fundamental apunta entonces, a buscar grados de responsabilidad colectiva, en el marco de este fenómeno y principalmente, en los eventos previos a la tragedia de Enero de 1970.
Otro objetivo propuesto, es rastrear las funciones de los organismos responsables, creados en torno al problema aluvional de Mendoza. También trataremos de descubrir, si nuestra conciencia, como individuos responsables que habitamos este medio, se ha modificado después del último gran llamado de atención.
Si no fuera posible concluir de acuerdo a nuestras aseveraciones, nos conformaremos con el objetivo general, que es buscar las causas que pudieron agravar aquella inundación, no para reprender u hostilizar a los responsables, sino para tratar de evitar su recurrencia; como así también para recordar a los que advirtieron del riesgo, a los que como héroes, actuaron solidariamente en el período de reconstrucción moral y material. También a los que posteriormente trabajaron y trabajan para que la tragedia no vuelva a ocurrir.
El fenómeno aluvional abarca toda el área de la región andina. En nuestro tema está restringido a investigar las causas y consecuencias del aluvión del 4 de Enero de 1970. Por ello nos centraremos en el estudio de los aspectos que, espacialmente, se sitúan al Oeste de la urbe mendocina, (piedemonte y entorno del zanjón Frías); principales avenidas y canal Cacique Guaymallén. Sectores más afectados por el suceso.
Y lo haremos introduciéndonos en los días previos a la inundación, a cuyo comentario nos dedicaremos más profundamente. Luego avanzaremos a través de los meses y los años, alumbrando ella trabajo posterior que conlleva importantes medidas y realizaciones, que aún hoy: 1994, se llevan a cabo; asumiéndose la responsabilidad de un compromiso con el medio ambiente y con la sociedad que descansa en ella.
Si bien esta problemática siempre ha sido motivo de estudio, éste ha sido parcial y dirigido a la consecución de algún fin específico y estructural, como lo ha sido la construcción de diques, canales, puentes y últimamente, antes del emplazamiento de un nuevo barrio sobre el sector Oeste de la capital. También, se nos presentan hoy diversos estudios sobre el medio geográfico y ambiental que nos rodea, que responde a una preocupación generalizada y universal del hombre: la conservación de lo natural en el planeta. La Ecología, es la nueva ciencia que canaliza y ordena todas estas inquietudes.
Hasta hoy, no se han englobado todos estos elementos, junto con la narración de los hechos que acaecieron en el aluvión de 1970; no obstante, estar íntimamente relacionados.
Las fuentes que más datos nos han aportado son los periódicos locales (Los Andes y Mendoza). También hemos conseguido el valioso aporte de testigos vivientes del trágico hecho, e importante bibliografía para el estudio de los antecedentes. Además, el interesante material de trabajos actuales, producidos en el CRICYT, que nos ha cedido gentilmente.
También acudimos, al conocimiento y experiencia de profesores de la Universidad Nacional de Cuyo, quienes se han sentido atraídos por este estudio anteriormente y cuyos trabajos han sido nuestra guía y marco de referencia para éste.
La naturaleza nos ha advertido, nos ha hecho entender que este paisaje lacónico y seco se estremece, se inunda y embarra fácilmente cuando llueve, tornándose peligroso, en estos casos, por su marcada inclinación.
Somos nosotros, habitantes de esta ciudad, quienes tienen la responsabilidad de crear las condiciones y los medios, lo más eficientes posibles, para seguir permaneciendo en ella.
Fuente: Lic. José Osvaldo Antequera

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