Vendimia.

La vendimia o cosecha es una operación de gran trascendencia para la calidad del futuro vino.
La determinación del momento óptimo para vendimiar, el grado de madurez de la uva, su estado sanitario y la forma en que se realice la recolección, tiene importancia decisiva en el mantenimiento de la calidad de la materia prima que debe haberse conseguido a lo largo del ciclo vegetativo de la vid.
En cuanto a los primeros aspectos, fecha y grado de madurez, se determina de forma empírica llevando un seguimiento del proceso de maduración. Sin embargo, las previsiones de vendimia pueden verse invertidas por una anomalía climatológica, lluvias ininterrumpidas o sequía permanente que retrasen la evolución normal de la maduración y obliguen a recoger la uva antes o después de la madurez.
Cuando se tratan de grandes extensiones, es difícil que pueda realizarse la vendimia de todas las cepas en el momento ideal, habrá que empezar un poco antes para no terminar demasiado tarde. Las incidencias climatológicas como el granizo y las heladas son raros en esta estación pero las lluvias continuas pueden hacer el trabajo penoso, disminuir los grados y hacer perder parte de la cosecha a causa de la podredumbre o la caída de los granos. Estas dificultades y riesgos reales, pueden hacer que tengamos que anticipar la recolección para que la uva no se nos estropee.
En lo que se refiere al estado sanitario de la uva el mayor problema suele presentarse por las podredumbres. La uva en la última etapa de su ciclo, estando ya muy dulce, es fácil que desarrolle podredumbres si las condiciones de humedad son elevadas. Botrytis cinarea es la especie más habitual, pero pueden intervenir otras.
En resumen, se pude decir que el inicio de la vendimia lo marcará el estado de la uva y su punto de maduración. Actualmente los servicios técnicos del Consejo Regulador de la Denominación de Origen, mantienen continuamente informadas a las bodegas elaboradoras sobre estos aspectos, y son ellas las que más o menos fijan el comienzo de la vendimia.
Existen dos formas de realizar la vendimia:
· Manual.
· Mecanizada.
Se procede a efectuar la vendimia manualmente. Esta es la forma viene siendo la más habitual y presenta una serie de ventajas:
· Permite hacer una selección de los racimos, incluso de las uvas.
· La uva permanece entera, no se rompe, ni estruja, ni mostea.
· Permite escalonar la recogida, ajustándose más a la fecha óptima.
Las tijeras y los “garillos” o “garullos”, una especie de navaja en curva, con forma de hoz pero de pequeño tamaño, son los utensilios proporcionados a los vendimiadores para llevar a cabo la vendimia manual. Estos son algunos de los aperos de vendimia que aún prevalecen en las bodegas, pese al paso del tiempo y la llegada de la nueva tecnología.
En cuanto a los recipientes, aún es habitual el uso de los tradicionales “canastos” o “cunachos”, para recoger los racimos que se cortan de las cepas. Están hechos con tiras de castaño entrelazado a partir de un aro de madera donde se dejará el hueco necesario para dos asas. De fácil manejo, permiten acarrear el fruto hasta el vehículo de transporte. Sin embargo, con el tiempo se va dando paso a la nueva tecnología y aparecen recipientes como cubos y cajas de plástico, de mayor tamaño y algo más pesados, que tratan de reemplazar al material utilizado por nuestros antepasados en la recolección de la uva. Estos recipientes presentan una serie de ventajas, ya que su superficie lisa permite una mejor limpieza del material y su vida útil es mayor.
La recolección mecánica es una práctica admitida por el Consejo Regulador de la Denominación de Origen. Para su consecución debe informarse al Consejo Regulador días antes de llevarse a cabo. Se trata de una operación poco realizada por los viticultores de Ribera del Arlanza, pero en ciertas ocasiones se hace necesaria su consecución, ya que las inclemencias metereológicas no permiten la recolección manual de la uva.
Las vendimiadoras mecánicas son máquinas que se desplazan sobre la línea de plantas, tienen una serie de palpadores que golpean los racimos, desgranándolos y las uvas caen en unas cintas de recogida que las conducen hasta un remolque. Suelen llevar dispositivos para la separación de hojas. Este método de vendimia presenta una serie de ventajas e inconvenientes que es importante conocer.
Ventajas:
Permiten realizar la vendimia de una parcela en muy poco tiempo, por lo que se puede ajustar al máximo la fecha óptima de recogida.
Ø Son o al menos terminarán siendo más económicas que la recolección manual. Por el momento al no estar muy extendidas no son rentables para una sola explotación.
Ø Permiten la recolección por la noche, lo cual resulta de gran interés en zonas muy cálidas, de cara a partir de una materia prima a menor temperatura.
Desventajas:
Ø No cortan los racimos, sino que los desgranan y recogen los granos. Luego la uva no llegará tan entera a la bodega como en la recolección manual, siempre se pierde algo de mosto. Por ello será muy recomendable en algunas elaboraciones especiales.
Ø Incorpora más hojas y trozos de sarmiento que la recolección manual.
Ø Requiere sistemas de conducción del viñedo elevados.
Ø Se producen pérdidas de cosecha. Se han mejorado mucho y las actuales tan sólo producen pérdidas del 5%.
Fuente:

Descripción y Composición del Racimo de Uva.

El fruto es un racimo y en él se pueden distinguir dos partes bien diferenciadas: el escobajo o raspón y los granos de uva o bayas.
RASPÓN.
El raspón también llamado raspa o escobajo, forma la estructura o el esqueleto del racimo. Su estudio, desde el punto de vista enológico tiene gran importancia ya que permite conocer qué sustancias pueden incorporarse al vino cuando los raspones están presentes durante la fermentación. El raspón puede llegar a la bodega en dos estados: verde o maduro (lignificado).
El raspón verde tiene un gran contenido en agua, clorofila, taninos, ácidos málico y tartárico, y sales minerales. Durante la fermentación le confieren al vino un sabor vegetal o herbáceo.
Los raspones maduros contienen menos agua, taninos, y ácidos libres, y tienen, por el contrario, mayor proporción de sales ácidas.
Durante la fermentación de los tintos, una parte de estas sustancias se incorporan a los vinos, aumentado fundamentalmente su acidez y su contenido en taninos, de forma que se hacen más duros y astringentes. En el caso de fermentaciones defectuosas o largamente encubadas, los raspones pueden ceder al vino sabores desagradables y herbáceos.
LA BAYA.
La baya o grano de uva está constituido, como todo fruto por tres capas: epicarpio, mesocarpio y endocarpio y por las semillas. En el caso del grano de uva, el epicarpio corresponde a la piel u hollejo y el mesocarpio y el endocarpio, constituyen la pulpa. El endocarpio o capa interna del fruto rodea a las semillas y no se diferencia del mesocarpio, juntos constituyen la pulpa. Finalmente, las semillas o pepitas, en número que va de 1 a 4. También existen variedades que carecen de semillas, llamadas apirenas y que se emplean como uvas de mesa o para pasificación.
El rendimiento en mosto impuesto por el Consejo Regulador está en un 70%, rendimientos más altos, implican calidades inferiores. Para la obtención de rendimientos mayores es necesario aplicar presiones muy altas, con lo que los componentes de las restantes partes del racimo pasan al mosto, embateciéndolo y aportando sabores herbáceos.
Descripción y composición del hollejo.
El hollejo forma la envoltura exterior del grano, representa del 7 al 8 % del peso del grano. Su superficie externa está recubierto por una capa córea llamada pruína. Sobre el hollejo y el raspón se encuentran las levaduras. El hollejo contiene ácidos málico y tartárico, cremor o bitartrato de potasio, taninos y sustancias colorantes.
Los hollejos o pieles contienen la mayor parte del color y del aroma, e influyen de forma decisiva en el sabor de los vinos. En su contacto con el vino en el proceso de fermentación pueden aportar, fundamentalmente, agua, ácido málico y tartárico, sales, tanino, materia colorante, aromas, etc.
Los hollejos de los granos de uva están recubiertos de una sustancia cerosa, llamada pruina, a la cual se adhieren muchos microorganismos presentes en el aire, entre ellas las levaduras que desencadenan la fermentación espontánea. La proporción de acidez, sales ácidas y taninos varía en función del estado de madurez de la uva. Los taninos, en especial, difieren mucho de una variedad a otra.
Pepitas y semillas.
La granilla o semillas están contenidas en el interior del grano y ,son cuatro como máximo. Suponen del 3 al 4 % del peso total del grano. Por su riqueza en taninos, cuando la fermentación tiene lugar con presencia de las partes sólidas del racimo, el vino se enriquece en tanino. Tienen un contenido importante en sustancias grasas que pueden extraerse por presión o con un disolvente y se utilizan con fines industriales o alimenticios.
Las pepitas o semillas difieren también según las variedades, e incluso existen uvas normalmente dedicadas a uvas de mesa, que carecen de ellas. Las pepitas poseen un capa externa muy dura y prácticamente no se rompen durante la vinificación, aunque ceden una pequeña proporción de taninos al vino.
LA PULPA.
La pulpa tiene una consistencia variable con la calidad de las uvas. Desde el punto de vista técnico y económico, es la parte más interesante del grano ya que contiene el mosto.. Constituye del 87 al -90 % del fruto. El mosto es un líquido más denso que el agua, de composición compleja. Contiene azúcares, ácidos libres, cremor, sustancias nitrogenadas y sales minerales.,
En la pulpa residen los principales componentes del mosto (agua y azúcares), que durante la fermentación se convierten en vino. Estos azúcares son dos hexosas, glucosa y fructosa, la primera predomina en un principio, pero hacia el final de la maduración casi se igualan.
Fuente:

Fermentación Alcohólica y Descube de la Vendimia

Fermentación Alcohólica y Descube de la Vendimia
Una vez encubada la vendimia tinta estrujada y despalillada en los depósitos de fermentación, se produce una activa multiplicación de los microorganismos que contiene, especialmente las levaduras, y en menor cuantía las bacterias lácticas por el efecto del anhídrido sulfuroso añadido.
Comenzando a ser sensible la actividad fermentativa, rápidamente al cabo de 8 a 12 horas cuando la temperatura de la vendimia es mayor de 25º C, o de 20 a 24 horas cuando ésta oscila entre 18º a 20º C, y por fin de 5 a 6 días con temperaturas inferiores a los 15º C. Esta actividad se manifiesta por un desprendimiento de burbujas de anhídrido carbónico y por el inicio de la formación del sombrero con hollejos puestos en flotación por este gas.
En las regiones vitivinícolas frías o cuando la añada es fría, la vendimia se caracteriza por una maduración tardía o a veces insuficiente, con una graduación alcohólica potencial moderada, y a la vez con acidez elevada, siendo especialmente rica en ácido málico, y a veces presentando ataques de podredumbre de mayor o menor intensidad. La temperatura excesivamente baja de la vendimia encubada, puede retrasar más de lo debido el arranque de la fermentación alcohólica, corriendo riesgos de oxidaciones y posibles desarrollos de mohos o bacterias lácticas; además de impedir una adecuada rotación de los depósitos de fermentación, en el caso de llenarse más de una vez durante la vendimia. Es importante en estas circunstancias activar o forzar el inicio de la fermentación, mediante la siembra de levaduras seleccionadas y con el calentamiento de la vendimia hasta una temperatura de 20º C; aplicándolo sobre todo en los primeros depósitos de fermentación, que una vez arrancados caldearán el local de elaboración y por lo tanto la vendimia que accederá más adelante.En las regiones vitivinícolas calientes o cuando la añada es caliente, la vendimia por el contrario se caracteriza por una maduración precoz, con una riqueza en azúcares elevada, y una acidez reducida, que en ocasiones puede precisar una corrección con ácido tartárico y unas dosis de anhídrido sulfuroso más elevadas. La temperatura excesivamente alta de la vendimia, produce un arranque rápido de la fermentación alcohólica y en consecuencia un desarrollo rápido de la misma, alcanzándose temperaturas elevadas, con un riesgo de parada de fermentación que se puede producir cuando se superan los 30º a 35º C. Las temperaturas altas de la vendimia, son causa de los citados excesos de calor en la fermentación, así como de los finales de fermentación difíciles y de un contenido en acidez volátil más elevado. Es aconsejable una refrigeración de la vendimia antes de su encubado hasta unos valores comprendidos entre 20º a 25º C, así como un control de la temperatura de fermentación procurando no superar los 28º a 30º C en el caso de elaboración de vinos de crianza y de los 20º a 25º C para los vinos jóvenes de carácter primario.
El exceso de temperatura de fermentación es una de las causas más frecuente de paradas de fermentación. Estando inactivas las levaduras en el medio fermentativo, se puede producir un desarrollo de las bacterias lácticas, que metabolizando los azúcares producen ácido láctico y ácido acético en cantidades superiores a lo normal, desarrollando una alteración del vino conocida como picado láctico. En una fermentación alcohólica normal, los contenidos de ácido láctico L(+) son de algunas decenas de mg / litro y de ácido láctico D(-) de más de 200 mg / litro; produciéndose con el picado láctico cantidades superiores a las citadas, acompañado de niveles de acidez volátil superior a los 0,5 a 0,7 gramos / litro expresado en ácido acético.
III.4.1. Control de la fermentación alcohólica.
El control de la fermentación alcohólica se realiza de la misma forma que en la elaboración de vinos blancos, siguiendo como parámetros más elementales el descenso de la densidad del mosto, así como el nivel alcanzado por la temperatura de fermentación. Siendo especialmente importante en este tipo de elaboraciones, vigilar el final de la fermentación alcohólica, para asegurar la total desaparición de los azúcares, salvo los residuales infermentescibles; alcanzándose valores de la densidad comprendidos entre 0,991 a 0,994 y utilizando mejor un método químico para su determinación. La razón de esta precaución es para evitar un solape de las fermentaciones alcohólicas y maloláctica, que a veces se producen en vendimias con valores de pH y de temperatura elevada, y a pesar del efecto antagónico existente entre levaduras y bacterias; pero que pueden hacer subir en exceso la acidez volátil.
III.4.2. Aditivos de fermentación.
De la misma forma que en otras fermentaciones, en la vinificación en tinto también se utilizan aditivos de fermentación, donde destacan la utilización de pies de cuba de levaduras autóctonas o de levaduras secas activadas (LSA), algunas de estas últimas muy interesantes con capacidad de incrementar la extracción de polifenoles del hollejo y mejorar su estabilización. Del mismo modo se pueden utilizar activadores de fermentación. El anhídrido sulfuroso se utiliza en dosis que oscilan entre 3 a 10 gramos / hl de vendimias.
Otro aditivo de fermentación muy utilizado para activar la maceración de los hollejos con el mosto, son las enzimas pectolíticas que degradan las paredes de los tejidos celulares de los hollejos, facilitando la extracción de los compuestos fenólicos que contienen. La acidificación suele ser otra práctica habitual, sobre todo en vendimias cálidas, con el propósito de compensar la subida de pH debida a la cesión de cationes de los hollejos; utilizando exclusivamente ácido tartárico, con dosis entre 0,5 a 1,5 gramos / litro, siendo una buena práctica añadirlo sobre el sombrero para activar los fenómenos de maceración.
La adición de taninos o tanizado es también una práctica de gran interés para determinadas vendimias tintas, utilizándose cuando su maduración fenólica es insuficiente, o bien en vendimias procedentes de viñedos jóvenes, o por fin en vendimias alteradas por la Botrytis cinerea, consiguiendo en este caso una inhibición de la enzima oxidante lacasa y una efectiva estabilización de los antocianos. Sus propiedades bactericidas son también de gran interés de cara a proteger la vendimia frente a posibles paradas de fermentación, o también para prevenir solapes de las fermentaciones alcohólica y maloláctica, producida esta última al terminar la primera.
Hasta hace algunos años únicamente se disponía de taninos procedentes del roble, también llamados hidrolizables o pirogálicos formados por una molécula glucídica enlazada con ácido gálico o elágico, distinguiéndose entre ellos los galotaninos y los elagitaninos. En la actualidad se dispone de taninos derivados de la uva, de mejores prestaciones que los anteriores, también conocidos como condensados o proantocianidínicos, que son polímeros del flavanol-3 llamados catequinas y del flavan-3,4-diol llamados leucoantocianos o leucocianidinas; encontrándose “taninos de hollejos” de sensaciones más dulces y complejas al estar más polimerizados, y de una respuesta al oxígeno más lenta; y “taninos de pepitas” de sabor astringente por resultar menos polimerizados y de una respuesta al oxígeno más rápida, pero quizás más útiles para los fines antes descritos. Sus dosis oscilan entre 10 a 30 gramos / hl para las vendimias sanas y de 20 a 60 gramos / hl para las vendimias alteradas, adicionándolos mejor a la vendimia en fermentación en dos etapas: una fracción al principio de la misma aprovechando los primeros remontados y la otra parte añadida hacia el final de la fermentación, y mejor estableciendo circuitos de remontado abiertos para conseguir cierta aireación y permitir la polimerización entre los antocianos de la vendimia con los taninos añadidos. Los taninos de la uva se obtienen por extracción de hollejos y pepitas de vendimias blancas sin fermentar, pues cuando se utilizan hollejos fermentados, como el caso de las vendimias tintas, éstos se encuentran fuertemente polimerizados, oxidados y coloreados de marrón.
III.4.3. Operaciones de remontado.
Durante la fermentación alcohólica de la vendimia tinta, se pueden aplicar las operaciones de remontado y las de bazuqueo, encaminadas principalmente a activar la maceración de los hollejos con el mosto; aunque la primera también se puede utilizar en otras elaboraciones para conseguir otros fines distintos.
La operación de remontado consiste en extraer el mosto-vino en fermentación por una válvula lateral inferior del depósito, para ser impulsado por medio de una bomba hacia la parte superior del mismo. Los fines del remontado determinan las diferentes maneras de hacerlo:
-Homogenización del mosto o la vendimia encubada, así como también en vinos terminados.
-Mezcla de aditivos con el mosto o la vendimia en fermentación, o también con los vinos elaborados.
-Aireación del mosto o la vendimia en fermentación, especialmente durante los primeros días para conseguir una mayor población de levaduras, que aseguren un correcto desarrollo de la misma; así como asegurar el correcto metabolismo de las levaduras, que pueden afectar a buen funcionamiento de las células; como la síntesis de esteroles y ácidos grasos insaturados que aumentan la permeabilidad de las membranas celulares, y que frecuentemente son causa de paradas de la fermentación.Los remontados de nula o mínima aireación se realizan a “círculo cerrado”, conectando directamente la bomba a la válvula lateral del depósito; mientras que los de máxima aireación se efectúan a “círculo abierto”, colocando un pequeño recipiente de algunos hectolitros sobre el que se vierte el mosto en fermentación, donde es aspirado e impulsado por la bomba hacia la parte superior del depósito. Un error frecuente es pensar que la aireación se produce en la salida de la tubería de remontado, y ello no es cierto porque en esa zona existe una atmósfera saturada de gas carbónico desprendido por la fermentación alcohólica. La disolución de aire se produce únicamente en el pocillo donde se abre el circuito de remontado, pudiendo graduarse haciendo resbalar el mosto por una chapa o bien a través de una rejilla colocadas por debajo del chorro de mosto descubado.
La cantidad máxima de oxígeno disuelto depende de la temperatura y oscila entre 6 a 8 mg / litro por cada operación de remontado. La moderna tecnología permite suplir los remontados de aireación de una manera más exacta, introduciendo oxígeno puro por medio de un difusor con una técnica conocida como “microoxigenación”.
-Activación de la maceración, dejando caer el mosto-vino remontado sobre el sombrero de hollejos, en forma de lluvia para repartirlo de manera homogénea sobre su superficie, renovando de esta forma el solvente o mosto-vino saturado en contacto con los hollejos, por otro menos cargado procedente de la parte inferior del depósito. Es importante asegurar un buen reparto del mosto sobre el sombrero, utilizando para ello aparatos o dispositivos especiales llamados aspersores o difusores, y evitando su circulación a través del sombrero por uno o varios canales preferenciales de mínimo o nulo efecto de maceración.
Los remontados se hacen circulando del orden de la mitad o la totalidad del mosto contenido en la masa de vendimia en fermentación, realizando como media unos dos remontados cada 24 horas; calculando su tiempo en función del caudal de la bomba, siendo preferible aumentar el número de remontados, pero manteniendo el tiempo diario destinado a esta operación. En ocasiones se utiliza una bomba para cada depósito, pudiendo incluso programarse para su funcionamiento de manera automática; aunque lo más normal es emplear una bomba para cada conjunto de 4 a 6 depósitos. En el primer caso, es muy importante asegurar el funcionamiento de las bombas y la circulación del mosto-vino, mediante su inspección periódica, para evitar los frecuentes atascos producidos por las materias sólidas de la vendimia, que podrían incluso llegar a estropear las bombas por su funcionamiento en vacío, además de no conseguirse los efectos de maceración deseados.
Las bombas que más se utilizan para los remontados en vendimias tintas, son aquellas que pueden trabajar en presencia de fragmentos sólidos, tales como las de pistón alternativo o las de rodete flexible; las primeras con la ventaja de poder funcionar en vacío, pero con un movimiento del líquido a impulsos, y las segundas con la ventaja de conseguir un flujo de líquido continuo, pero con el problema de degradarse el rodete de goma en caso de girar en vacío durante un cierto tiempo.
En el fondo del recipiente de la vendimia tinta en fermentación se acumulan las pepitas, que a diferencia de los hollejos, no pueden ser puestas en flotación por el anhídrido carbónico; pudiendo ser interesante remontarlas hacia la parte superior del sombrero, con objeto de extraer una mayor cantidad de los taninos que contienen. Esto se puede hacer dos a tres veces durante la totalidad del período de encubado, conectando la bomba directamente a la válvula de fondo del depósito, o mejor para evitar su atranque, verterlas sobre el pocillo de remontado junto a una buena cantidad de mosto-vino procedente de la válvula lateral, para luego aspirar e impulsar la mezcla sin riesgo de atasco de la bomba.
Los inconvenientes del remontado también existen, pudiendo enumerarse los siguientes: pérdidas de alcohol estimadas en 0,5 % vol, reducción del nivel de anhídrido sulfuroso, y subida de la temperatura de fermentación por activación de la fermentación alcohólica, aunque en una primera instancia la temperatura desciende por el efecto de las evaporaciones de agua y alcohol.
El número de remontados y la forma de hacerlos depende de los fines buscados, recomendando E. Peynaud en vinificación en tinto realizar los siguientes:
-Un remontado de homogenización una vez llenado el depósito de fermentación, o bien para mezclar determinados aditivos.-Uno o dos remontados con buena aireación en el arranque de fermentación y en los días siguientes.-Uno o dos remontados diarios con aireación durante la fase activa de la fermentación alcohólica.-Un remontado al día en la fase postfermentativa, o dos de duración más corta y sin aireación para evitar la caída del sombrero, así como también su oxidación o acetificación.-Remontados adicionales con aireación en el caso de una ralentización o parada de la fermentación alcohólica.
III.4.4. Descube y prensado.
El descube es la operación de vaciado del depósito que contiene la vendimia fermentada, pudiendo hacerse de dos formas: una primera escurriendo o sangrando el vino por las válvulas laterales o de fondo, y a continuación sacando los orujos con destino a su prensado para terminar de extraer el vino que contienen; y otra segunda homogenizando mediante un activo remontado el sombrero con el vino elaborado, descubando el conjunto obtenido por medio de una bomba, separándose a continuación el vino de los hollejos mediante un sistema de escurrido y prensado.
El descube de la vendimia es independiente de la fermentación alcohólica, teniendo más bien que ver con el proceso de maceración deseado, determinándose el tiempo de encubado en función del tipo de vino a elaborar y de lo que permita la calidad de la vendimia tinta elaborada. Los encubados pueden clasificarse en los siguientes tipos:
-Encubados cortos, realizados antes de finalizar la fermentación alcohólica, con una duración variable de 4 a 5 días, y destinados a obtener vinos tintos jóvenes con sensaciones gustativas de suavidad. El mosto-vino todavía contiene azúcares y debe finalizar la fermentación alcohólica en “virgen” en ausencia de los hollejos.
-Encubados medios, efectuados al cabo de 6 a 10 días y recién terminada la fermentación alcohólica, con objeto de obtener vinos tintos jóvenes mejor equilibrados o cuando la vendimia presenta un problema.
-Encubados largos, realizados después de 2 a 3 semanas y algunas veces más, destinados a obtener vinos de guarda o crianza, de estructura más compleja y tánica necesaria para permitir los procesos de crianza.
Otro error bastante frecuente es pensar que solamente la maceración determina el destino del vino, y esto no es cierto, pues en una vendimia tinta pobre no se puede obtener más de lo que contiene; y por el contrario en una buena vendimia tinta rica en polifenoles y en otros compuestos de maduración, la duración del encubado puede ser más larga que permita una extracción mayor. La determinación exacta del tiempo encubado puede ser realizada mediante un control diario y paralelo al de la fermentación alcohólica, descrito en el siguiente apartado, y con objeto de decidir el momento más idóneo para realizar el descube de la vendimia tinta.
Los tiempos de encubados dependen por lo tanto de los siguientes factores:
-Variedad de uva. Las variedades más ricas en polifenoles son aptas para producir vinos de crianza y por lo tanto permiten encubados más largos; mientras que las más pobres deben ser de encubado más reducido, siendo incluso contraproducente forzar un período de encubado largo.
-Maduración de la vendimia. Las maduraciones insuficientes no admiten un encubado largo, pudiendo aparecer matices de verdor defectuosos; sucediendo lo contrario con las buenas maduraciones, donde las maceraciones largas permiten una adecuada extracción fenólica sin defectos.
-Dispositivos de encubado. Los sistemas de encubado descritos en apartados precedentes, permiten encubados más cortos o más largos, dependiendo de su funcionamiento en lo referente a la activación de la maceración, o a los peligros de alteraciones físicas o microbianas de la vendimia derivados de su construcción.
-Tipos de vinos a elaborar. Los vinos de crianza exigen generalmente tiempos largos de encubado, mientras que en los jóvenes conviene que el tiempo de encubado sea más reducido.
-Estado sanitario de la vendimia. Las vendimias defectuosas obligan a un encubado corto, sobre todo aquellas atacadas de enfermedades criptogámicas, especialmente las podridas por Botrytis Cinerea, donde la enzima lacasa puede producir una importante oxidación. Siendo necesario realizar un sulfitado del vino descubado, con dosis elevadas de anhídrido sulfuroso de más de 5 gramos / hl. La adición de taninos en fermentación contribuye a evitar las oxidaciones de estas vendimias.
Un simple ensayo de la quiebra oxidásica realizado antes del descube, dejando medio vaso de vino al aire durante 12 horas, permite evaluar la sensibilidad de los vinos a su oxidación; observando en el mismo los siguientes síntomas: cambio de color perdiendo vivacidad y evolucionando hacia naranja o marrón, turbidez con un posible sedimento, e irisaciones en su superficie.-Parada de fermentación alcohólica. El riesgo de un picado láctico de la vendimia paralizada, exige en el caso de no reanudarse en uno o dos días, su inmediato descube; realizando un sulfitado ligero de 2 a 4 gramos / hl para frenar el desarrollo de las bacterias lácticas, y luego poder aplicar los métodos de activación de la fermentación.
El escurrido o sangrado del vino se suele hacer por una válvula lateral, disponiendo a veces de una rejilla situada en el interior del depósito que mejora la operación de drenaje, o colocando dentro unas gavillas de sarmientos bien sujetos en la embocadura de la tubería para impedir su movimiento. La salida se hace por gravedad hacia un pocillo colector situado al pie del depósito, colocándose una rejilla que separa manualmente las pepitas y fragmentos de hollejos, o en instalaciones grandes se utilizan aparatos llamados “separadores de granilla”, donde el vino pasa a través de una tamiz de 0,5 mm de luz y los sólidos son evacuados hacia fuera de forma continua. El descube del vino se realiza con una ligera aireación, obteniéndose del orden de un 40 a 60 por 100 de la totalidad del vino, conduciéndose a un depósito donde podrá terminar la fermentación alcohólica o en caso de haberlo hecho, permanecer en reposo para la decantación de las heces o lías, o incluso iniciar más adelante la fermentación maloláctica.
Dentro del depósito una vez escurrido de vino se encuentran los hollejos fermentados, también llamados orujos, y una buena cantidad de vino que los embebe, debiendo ser conducidos a una prensa para su separación. Este descube se puede hacer de varias maneras dependiendo del tipo de depósito de fermentación utilizado. En los depósitos de descube manual, una o varias personas deben entrar dentro del mismo, para sacar hacia fuera y a través de la puerta de descube los orujos; pudiendo hacerse de forma manual con ayuda de utensilios apropiados como palas, horcas, rastrillos, etc. o bien con una ayuda mecánica introduciendo por la boca una cinta transportadora o un tornillo sinfín. Es imprescindible asegurar y comprobar la total evacuación de anhídrido carbónico en su interior antes de que el personal acceda a su interior. En los depósitos de descube automatizado o autovaciantes, los orujos salen por si solos por acción de la gravedad o ayudados con dispositivos extractores fijos colocados en el fondo de los mismos.
En ambos casos existe las posibilidad de acercar una prensa móvil hacia la boca del depósito, o por el contrario conducir la vendimia hasta la prensa fija situada en un lugar estratégico del lagar, transportando la vendimia por medio de cintas continuas, tornillos sin fin, o mediante bombas de pasta similares a las de vendimia y con ayuda de una tubería de gran diámetro, situada en la parte inferior de los depósitos de fermentación. Estas conducciones suelen ser móviles, flexibles y desmontables por tramos para permitir su mejor manipulación, o bien contando con una parte de la instalación fija y disponiendo de otra parte móvil para su acople con la bomba. La mejor calidad de vino se obtiene con el primer sistema, pues se respeta la integridad de los hollejos fermentados, o en algunos casos también cuando se utilizan prensas de jaula vertical, donde se acerca únicamente la jaula hasta la boca de descube, y transportándose luego hacia la prensa colocada fija en otro lugar. El descube del orujo con bomba y tubería produce vinos de razonable calidad, siempre que la bomba trate suavemente los hollejos fermentados, prefiriéndose las peristálticas y las de tornillo, además de utilizarse tuberías de transporte de gran diámetro de 120 a 150 mm y de un trazado lo más recto posible sin demasiados puntos singulares; debiendo disponerse junto a la bomba de descube, de una tubería con vino de escurrido, para mezclar con los orujos a la entrada de la bomba, para evitar el transporte del orujo excesivamente seco que podría producir atranques y roturas de la misma.
En los descubes tardíos sucede con frecuencia que el sombrero ha desaparecido, debido a su hundimiento en el mosto-vino debido a la escasez del anhídrido carbónico que lo sustenta, ocasionando problemas en el momento del descube de las vendimias, al encontrarse mezclado el líquido con los sólidos, cosa que no sucede cuando el sombrero permanece flotando. Este inconveniente no tiene porqué forzar la elaboración hacia descubes anticipados, si no que en caso de maceraciones largas se deben aplicar las medidas oportunas para que el sombrero continúe flotando, tales como remontados sin aireación en la última etapa de la maceración, fermentaciones más lentas, etc.Los hollejos fermentados en la fase de llenado de la prensa, dejan escurrir una importante cantidad del vino que contienen, presentando éste una calidad similar a los de sangrado del depósito. Más adelante se obtendrá con el funcionamiento de la prensa los llamados vinos de prensa, que suelen representar un volumen del orden del 15 por 100 de la totalidad del vino, siendo de inferior calidad a medida que la presión de extracción es más elevada. Estos vinos presentan una graduación alcohólica inferior, y mientras que el resto de sus componentes resultan más concentrados; siendo de gran interés su utilización para la mezcla con los vinos de escurrido, cuando se elaboran vinos tintos con destino a la crianza, y además el sistema de prensado es respetuoso con los orujos y funcionando a baja presión, como ocurre con las prensas de jaula vertical o las horizontales de membrana. El porcentaje de vino de prensa a mezclar oscila entre un 5 a 10 por 100, siendo la mejor estrategia no juntar los vinos hasta que ambos resulten limpios y con la fermentación maloláctica terminada. Antes de la mezcla es conveniente clarificar los vinos de prensa mediante un encolado y con la adición de enzimas pectolíticas que facilitan la caída de los turbios.
Vino de escurrido Vino de prensa
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Grado alcohólico (% vol) 12,0 11,6
Azúcares reductores (g / litro) 1,9 2,6
Extracto reducido (g / litro) 21,2 24,3
Acidez total (g / litro SO4H2) 3,2 3,6
Acidez volátil (g / litro S04H2) 0,4 0,5
Nitrógeno total (g / litro) 0,3 0,4
Polifenoles totales (Indice permanganato) 35,0 68,0
Antocianos (g / litro) 0,3 0,4
Taninos (g / litro) 1,8 3,2
(J. Ribéreau – Gayon)

Grandes Clásicos Franceses

Cuentan que por 1815, cuando era el representante de Francia en el Congreso de Viena el famoso diplomático francés Talleyrand, brindó una cena regada por uno de los grandes vinos de la Borgoña, un Chambertin con veinte años de añejamiento. Entretenidos en los dimes y diretes del encuentro, sus invitados no le prestaron la más mínima atención a lo que tomaban, más interesados en el chismerío que en otra cosa. Ofuscado, y dejando de lado toda norma de cortesía, el anfitrión arremetió casi a los gritos: "Señores, cuando se bebe un Chambertin como este, no hay que distraerse con frivolidades. Hay que tomar la copa con delicadeza, mirar el vino al trasluz, llevarlo a la nariz un instante, dejar la copa luego sobre la mesa y hablar de él, no de política europea, que es menos importante".
El sermón iba dirigido nada menos que al rey de Inglaterra y al zar de Rusia, quienes se contaban entre los invitados que escuchaban azorados, pero que terminaron aplaudiendo y se dedicaron sin más a seguir sus consejos.
Vaya uno a saber si esto fue así, pero lo cierto es que muestra las pasiones que los grandes clásicos franceses despiertan en sus seguidores, esos vinos que fueron y todavía son imitados sin piedad en cualquier rincón del globo donde se plante un viñedo, aunque ahora valga la pena resaltar que desde hace ya un tiempo a esta parte, los productores del llamado Nuevo Mundo vinícola se decidieron a llevar adelante la personalidad de sus terruños.
¿Qué es lo que han intentado reproducir, cuáles son las características de estos vinos? Antes de empezar con las descripciones hay que dejar en claro que nada está librado al azar y que todo está fríamente calculado. No se puede plantar la cepa que uno quiera donde le parezca, es el terroir quien manda, y de hecho es ilegal plantar Chardonnay en Burdeos y Merlot en Borgoña, para dar un ejemplo.
Empecemos por Burdeos. Esta región es la mayor productora de buenos vinos del mundo, poseedora, por ende, del más copiado de los tintos. Pero no es lo único que tiene para ofrecernos: excelentes blancos secos y el maravilloso Sauternes nacen de sus viñas. Habría que acercarse a un mapa para comprender un poco de qué hablamos, pero en síntesis la cosa es así: los viñedos están separados por el Garona y el estuario del Gironda en dos grandes regiones que reflejan dos estilos de vinos: en la margen izquierda, reina la Cabernet Sauvignon y en la derecha ejerce su dominación la Merlot.
Pero a su vez, dentro de esta gran división hay pequeñas zonas cada una con una característica distintiva, y éstas a su vez cobijan otras más pequeñas. Es un increíble entramado de cualidades, y así no es lo mismo un vino de Graves que uno de Médoc, ni un Saint Emilion que un Pomerol (lugar donde se elabora uno de los vinos más caros del mundo) el Chèteau Petrus, del que nunca escribí porque me da un poco de pudor hacer un relato sobre los miles de dólares que se suelen pagar por una botella. Pero alguna vez será. Para terminar quería decir que estos grandes vinos no son varietales, en ellos se pueden mezclar Cabernet Sauvignon, Merlot, Cabernet Franc, Petit Verdot y a veces hasta nuestra querida Malbec. Seguiremos.
Fuente: Gabriela Gasparini

Aspectos Microbiológicos de la Elaboración del Vino

La capacidad de controlar el crecimiento de los microorganismos presentes durante el proceso de producción y almacenado del vino es de vital importancia para alcanzar y conservar un producto de calidad. La alteración del orden en la intervención de algunas entidades microbianas durante la vinificación puede repercutir de forma negativa en los perfiles organoléptico o de salubridad del vino. El riesgo es la obtención de un producto final con pocas posibilidades en un mercado altamente competitivo. La eficiencia metabólica y la robustez de los microorganismos que protagonizan las fermentaciones alcohólica y maloláctica del vino facilitan la obtención de un producto final de calidad, al mismo tiempo que controlan el desarrollo de posibles interferencias.
Nos referimos a las diferentes comunidades microbianas que provienen generalmente de la viña y que suelen desarrollarse durante la elaboración, el almacenado y el envejecimiento del vino.
La Uva y el Mosto
Algunas prácticas de viticultura, otras que la aplicación de funguicidas, facilitan el control sanitario de la uva antes de que llegue a la bodega para la elaboración del vino. La prevención del desarrollo de hongos en la vid mediante el mantenimiento de una canopea poco densa no sólo favorece la eficiencia de los tratamientos fitosanitarios, sino que también facilita la aireación de la masa vegetal evitando la germinación de esporas por reducción de la humedad en los racimos. Además, una masa vegetal poco densa reduce el auto deterioro mecánico de las cutículas de los frutos, principal barrera para el desarrollo de la microflora nativa a expensas de las bayas.
Los tratamientos prefermentativos del mosto, como por ejemplo la clarificación, asisten al enólogo en la eliminación parcial de bacterias y levaduras no deseadas en la elaboración del vino. Sin embargo, estos procesos conllevan al empobrecimiento del perfil nutricional del mosto por reducción de nutrientes tales como el nitrógeno asimilable, el esterol y los lípidos, necesarios para la actividad fermentativa de la levadura y el mantenimiento integral de la membrana. Asimismo, la eliminación de los sólidos en suspensión presentes en el mosto resulta en la exclusión del oxígeno asociado a los mismos, reduciéndose así la producción de alcoholes superiores durante la fermentación y el incremento poblacional de comunidades microbianas no deseadas como las bacterias acéticas. La detección de lacasas fúngicas en el mosto por medio de un método colorimétrico o bien la inmuno-detección de Botrytis revela la historia sanitaria de las bayas antes del prensado. El crecimiento de hongos en las uvas enriquece la concentración del polisacárido beta-glucano, el cual interfiere con los tratamientos de estabilización del vino. El tratamiento prefermentativo o postfermentativo con enzima beta-glucanasa es el método más sencillo para evitar este problema.
Fermentaciòn Alcoholica
La fermentación del mosto es un proceso bioquímico muy complejo en el que intervienen e interactúan levaduras, bacterias y otros microorganismos. De todos ellos, las levaduras son los microorganismos claves para la vinificación, ya que son las responsables de la fermentación alcohólica, la principal reacción en la conversión del mosto en vino. Las fermentaciones alcohólicas realizadas espontáneamente son el resultado de la acción combinada de diversas especies de levaduras que crecen más o menos, siguiendo una sucesión a lo largo de la fermentación. Al inicio del proceso se encuentran mayoritariamente especies no-Saccharomyces procedentes de la uva (principalmente Hanseniaspora y Candida). A los pocos días aumenta la presencia de otras especies más tolerantes al etanol como Saccharomyces cerevisiae, principal especie responsable de las fermentaciones alcohólicas. El mayor inconveniente de realizar una fermentación espontánea es la falta de control durante el proceso, así como la poca uniformidad y reproducibilidad del producto final. Por tanto, la necesidad de asegurar la fermentación y la calidad del producto ha favorecido el uso de inóculos comerciales en forma de levadura seca activa (LSA).
Las principales ventajas de la fermentación alcohólica inoculada son: la reducción del período de latencia, la falta de proliferación de levaduras no-Saccharomyces y la rápida finalización de la fermentación alcohólica. Sin embargo, un hecho muy criticado por los detractores de la inoculación es la pérdida de tipicidad y complejidad de los vinos inoculados. Una buena solución para mantener las características típicas de los vinos de una región es la selección de levaduras que procedan de la zona vitivinícola donde se van a utilizar, las cuales estarán mejor adaptadas a las condiciones climáticas de la zona, así como a la materia prima, es decir, al mosto a fermentar. Por otro lado la falta de complejidad de los vinos inoculados se podría combatir mediante el uso de inóculos mixtos, pero por el momento muy pocos son los estudios que avalan esta estrategia. El desarrollo de técnicas moleculares para el estudio de la dinámica de las comunidades microbianas cultivables durante la elaboración del vino nos ha permitido describir y diagnosticar el grado de imposición de la levadura vínica inoculada en el mosto durante la fermentación. Uno de los retos a resolver es la identificación y la cuantificación de entidades vínicas microbianas no cultivables en medios de cultivo para poder caracterizar el impacto de cada una de ellas en la calidad del producto final.
Entre los temas que más preocupan al sector está la problemática que comportan las paradas de fermentación. Se han hecho numerosos estudios en este sentido pero el problema sigue sin estar totalmente resuelto. Un buen conocimiento del metabolismo de las levaduras es clave para entender mejor el proceso fermentativo y tratar de evitar los posibles problemas y paradas de fermentación.
El mosto es un medio desfavorable para el crecimiento y desarrollo de las levaduras (carencia de nutrientes, bajo pH, presencia de SO2…) y por lo tanto, su capacidad de supervivencia y adaptación a estas condiciones de estrés influirán en su eficiencia fermentativa. Los principales nutrientes presentes en el mosto son las fuentes de carbono (glucosa y fructosa) y el nitrógeno. Un alto contenido en azúcares implica que la célula se vea sometida a una elevada presión osmótica al inicio de la fermentación, y a una mayor toxicidad durante el proceso debida a la alta producción de etanol. Las fuentes de nitrógeno y su disponibilidad es un problema limitante para el desarrollo de las levaduras, especialmente porque existe una fuerte descompensación respecto a la abundancia de fuentes de carbono. De hecho, la falta de fuentes nitrogenadas asimilables es una de las principales causas de las paradas de fermentación. Las fuentes de nitrógeno asimilables presentes en el mosto son el amonio y los aminoácidos. Una concentración de éstos por debajo de 140 mg/l dificulta la fermentación en presencia de 200 g/l de azúcar. Como las levaduras pueden sintetizar sus propios aminoácidos, lo más sencillo y económico es paliar esta falta de nitrógeno con una sal de amonio, generalmente sulfato o fosfato de diamonio. Esta adición de nitrógeno en los mostos es una práctica usual en bodega, pero si se hace de manera no controlada y sin conocer los requerimientos de la levadura, puede llegar a ser perjudicial para la cinética fermentativa y para la calidad del producto final. Por ejemplo, un exceso de nitrógeno puede producir efectos no deseados como alterar la estabilidad microbiológica del vino (aportando nutrientes a organismos alterantes) y los aromas del mismo (procedentes en muchos casos de la desaminación de los aminoácidos). Otro punto importante es el momento de la adición del nitrógeno. En un estudio realizado por nuestro grupo se observó que adiciones de nitrógeno (mezclas de amonio y aminoácidos) realizadas durante la fase de crecimiento aumentaban tanto la biomasa, como la cinética fermentativa. En cambio, si estas adiciones se realizaban durante la fase estacionaria, no se producía tal efecto, debido a que el etanol presente dificulta la captación de nutrientes nitrogenados. Por tanto, la adición de nitrógeno debe hacerse antes de la fermentación, o en las primeras fases de la misma.
La fermentación vínica es un proceso principalmente anaeróbico, lo cual también puede provocar posibles deficiencias en el metabolismo de la levadura. El oxígeno es necesario para la síntesis de algunos compuestos lipídicos, como son los esteroles y los ácidos grasos insaturados. La carencia de este tipo de lípidos, especialmente de ergosterol, afecta la estructura y función de la membrana plasmática de las levaduras, aumentando los efectos nocivos del etanol y dificultando la captación de glucosa. Únicamente en presencia de oxígeno durante la fermentación puede darse la síntesis de estos compuestos. De todas maneras, la presencia de este tipo de lípidos está asegurada en el mosto debido a su abundancia en la piel de la uva. Las vinificaciones en blanco suelen ser más problemáticas en este sentido, debido a que el proceso de clarificación elimina la mayor parte de los ácidos grasos y a una menor presencia de oxígeno. A esto hay que añadir la baja temperatura de fermentación a la que suelen llevarse a cabo dichas vinificaciones con el objetivo de mejorar el perfil aromático del vino final.Nuestro grupo de investigación ha realizado diversos trabajos a lo largo de lo últimos años para entender y controlar mejor el proceso de las fermentaciones a baja temperatura. Por medio de estos estudios se ha buscado conocer desde un punto de vista cinético, metabólico y organoléptico la adaptación de la levadura para fermentar a bajas temperaturas. La mayor viabilidad celular de la levadura en un proceso fermentativo a baja temperatura garantiza un mayor tiempo de producción de metabolitos aromáticos en la fase estacionaria. Una de las razones de esta mayor viabilidad está relacionada con la modificación de la composición lipídica de la membrana como respuesta a las bajas temperaturas, que a su vez le proporcionará una mayor resistencia al etanol. El perfil aromático de un vino fermentado a baja temperatura se verá modificado por el incremento de ácidos grasos y ésteres, conllevando una disminución de sustancias detractoras del aroma como son los alcoholes superiores y el ácido acético, obteniéndose así vinos con mayor acento afrutado y aromático. Otro punto clave en el desarrollo de las fermentaciones a baja temperatura es la fase de latencia inicial, en donde la levadura se está adaptando al medio después de la rehidratación. Posiblemente el propio proceso de rehidratación sea trascendental a la adaptación a las bajas temperaturas. El choque térmico que supone la inoculación directa de la levadura en un mosto refrigerado tras su rehidratación (35-40ºC) supone una mortalidad de hasta el 90% del cultivo. Para evitar este choque térmico se debería evitar que este cambio de temperatura fuese brusco. Una solución aprobada en nuestro grupo fue reducir de forma progresiva la temperatura del mosto una vez inoculado. También es recomendable hacer una aireación al final de la fase de crecimiento de la levadura o a mitad de fermentación con el fin de reducir la duración total de la fermentación. Esta aireación debe realizarse de forma controlada para evitar la posible proliferación de las bacterias acéticas, causantes de la pérdida de calidad del vino por su capacidad de producir ácido acético a partir del etanol.
Fermentaciòn Malolactica
La fermentación maloláctica (FML) se produce por la actividad metabólica de las bacterias lácticas (BL) en el vino. La especie responsable de la mayoría de las FML que se producen espontáneamente es Oenococcus oeni. El efecto más importante sobre los vinos es la desacidificación como resultado de la descarboxilación del ácido Lmálico a ácido L-láctico, obteniéndose así vinos menos agresivos. Además, la FML contribuye a mejorar la complejidad del vino gracias al aporte de toda una serie de compuestos derivados del metabolismo de las bacterias. Por último, la utilización de los pocos nutrientes que quedan en el medio contribuye considerablemente a la estabilidad microbiológica del vino. Todo ello hace que la FML sea un proceso necesario y deseable para la obtención de vinos de calidad, especialmente en variedades tintas. Se ha constatado que la FML se inicia cuando las poblaciones de BL llegan a valores cercanos a 105 células/ml, por lo tanto el desarrollo de las poblaciones bacterianas una vez finalizada la fermentación alcohólica es crucial para que la FML arranque sin retrasos. En consecuencia, el control de la FML es indispensable para asegurar su realización al final de la fermentación alcohólica, sin tener que esperar un inicio espontáneo a veces bastante tardío que pueda poner en peligro la calidad del vino.El control de la FML puede ser abordado de dos modos: favoreciendo el crecimiento de la microbiota indígena, o utilizando cultivos iniciadores de cepas seleccionadas. En el primer caso la FML puede potenciarse inoculando con vinos que ya han iniciado la FML y/o controlando las condiciones físicas para que se produzca espontáneamente, como la temperatura (18-20°C). Sin embargo, la inoculación con una cepa seleccionada de O. oeni representa una apuesta más segura para garantizar el correcto funcionamiento de la FML y evitar la aparición de compuestos indeseados. En este sentido, los criterios de selección de cepas de O. oeni incluyen aspectos relacionados con su capacidad de adaptación a los diferentes factores de estrés del vino (etanol, bajo pH, SO2, etc.). Por otra parte, también se tiene en cuenta la capacidad de producir compuestos que modifican el perfil organoléptico del vino, como el diacetilo.
Actualmente existen en el mercado cepas seleccionadas con diferentes características en función del tipo de vino que se desee producir.
Otros aspectos a considerar en la selección de cepas de O. oeni son los relacionados con la producción de compuestos tóxicos, como las aminas biógenas (AB). Las AB son compuestos derivados del metabolismo de algunos aminoácidos que pueden generar ciertos problemas de salud como, por ejemplo, alergias. La más tóxica es la histamina y su efecto puede ser potenciado por otras aminas. En el caso del vino, aunque todavía no hay regulación legal respecto al límite máximo de AB, algunos mercados no aceptan vinos por encima de un nivel especificado, como el suizo, fijado en 5 mg/l por sus importadores. Sin embargo es relativamente habitual que se encuentren valores cercanos a los 10 mg/l, aunque valores claramente superiores solamente se dan en casos de falta de higiene durante la vinificación. Existen diversos métodos para determinar la capacidad de producción de AB por parte de cepas de O. oeni u otras BL. Entre ellos, métodos enzimáticos o cromatográficos, que permiten una cuantificación de la producción de estas sustancias. Otro método es la detección mediante PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa) de la presencia del gen que codifica la enzima responsable de la generación de histamina, la histidinadescarboxilasa (HDC). Con ello se consigue una caracterización inequívoca de las cepas no productoras carentes del gen. Sin embargo, el diagnóstico basado en la cuantificación de las aminas puede ser más confuso, puesto que la capacidad de producción de dichos compuestos es variable en función del medio de crecimiento de las BL. Otros factores que determinan el correcto desarrollo de O. oeni en el vino es la interacción que se establece con las levaduras. Algunas cepas de Saccharomyces cerevisiae ejercen un mayor antagonismo sobre O. oeni debido a su alto requerimiento de nitrógeno, o a la producción de compuestos bactericidas como el SO2. En este sentido, se han descrito combinaciones levadura-bacteria prósperas y otras desfavorables. La capacidad variable de producción de SO2 por parte de las diferentes cepas de S. cerevisiae es una de las causantes del mayor o menor antagonismo entre las cepas de levadura y de O. oeni. Se ha descrito que uno de los factores que influye en la producción de SO2 es el contenido de nitrógeno asimilable del mosto. Una misma cepa
de S. cerevisiae produce más SO2 en mostos con elevado contenido en nitrógeno asimilable. De todos modos, estudios realizados por nuestro grupo con diferentes combinaciones de levadura y bacteria en los que los contenidos de SO2 al final de la fermentación alcohólica eran similares mostraron diferencias notables en la duración de la FML, indicando la existencia de otros mecanismos que determinarían la compatibilidad entre las cepas de S. cerevisiae y O .oeni. En definitiva, la capacidad de adaptación a las condiciones del vino de O. oeni y su influencia en la calidad organoléptica dependen de la cepa. En el caso de utilizar un cultivo iniciador, para tener la certeza de que la FML ha sido realizada por el estárter y no por alguna otra cepa autóctona de BL, es preciso controlar la imposición de la cepa inoculada. Por lo tanto, se precisan métodos para tipificar cepas de O. oeni que permitan diferenciar las cepas inoculadas de las autóctonas. Para ello hay que recurrir a tomar muestras durante la FML, aislar las BL y tipificar los aislados con métodos de biología molecular. Entre los diversos métodos aplicables, nuestro grupo ha desarrollado uno para detectar el polimorfismo de las secuencias de ADN existente entre cepas de O. oeni. Dicho método ha sido aplicado con éxito al seguimiento de cepas de O. oeni a lo largo de múltiples campañas de vinificación.En conclusión, el estudio de los mecanismos de adaptación de O. oeni y de su comportamiento metabólico una vez inoculado en el vino ayudan a establecer criterios de selección de cultivos iniciadores para la FML. Uno de los aspectos sobre los que debería profundizar la investigación enológica es el estudio de los mecanismos entre levaduras y bacterias para poder establecer combinaciones favorables que garanticen el correcto funcionamiento de ambas fermentaciones durante el proceso de vinificación.
Envejecimiento y Almacenado
Una vez que el o los procesos de fermentación finalizan, el vino es sometido a diferentes procedimientos que pueden favorecer el crecimiento de microorganismos como Brettanomyces y las bacterias acéticas, que actúan en desmedro de la calidad final del vino.
Uno de los mayores retos para el enólogo actual es el de poder controlar el desarrollo de Brettanomyces durante el proceso de vinificación. Esta levadura es la responsable de la síntesis de fenoles volátiles como el 4-etil fenol, usado por los productores del sector como molécula indicadora de contaminación Los poros de la madera de las barricas son el nicho principal para esta levadura, por lo que el uso de barricas no infectadas es la medida preventiva más acertada. El uso de agentes químicos o físicos para la desinfección de las barricas desgraciadamente promueve la producción de aromas indeseables, siendo el vapor de agua el más recomendable para este tipo de procedimientos. Si bien el SO2 es el conservante de mayor difusión en el sector del vino, la combinación con dimetil-dicarbonato (DMDC) es requerida para la prevención del crecimiento de esta levadura en vinos de baja graduación alcohólica. La ósmosis reversa es el método más efectivo de los propuestos hasta el momento para la eliminación de los fenoles volátiles producidos por Brettanomyces.
El hecho de que las bacterias acéticas sean bacterias estrictamente aeróbicas ha hecho pensar durante mucho tiempo que las condiciones de vinificación impedían su crecimiento, lo que explicaría la falta de interés hasta ahora por su conocimiento.
Estudios realizados en los últimos años muestran su capacidad de permanecer en el vino en condiciones de relativa anaerobiosis durante todos los estadios de la vinificación, manteniendo la capacidad de multiplicarse y producir acético con aportes mínimos de oxígeno. Estas ligeras aireaciones son derivadas de las prácticas más comunes de bodega como son los remontados y trasiegos. Durante la crianza en barrica también se ha podido observar un ligero aumento en la cantidad de acético debido a la actividad de las bacterias acéticas. La presencia prolongada de bacterias acéticas en el mosto se ha relacionado con paradas de fermentación alcohólica. Se ha podido ver actividad de bacterias acéticas inclusive en vinos embotellados, principalmente en vinos no filtrados y con bajo contenido en SO2. La flora acética presente en mostos y vinos proviene tanto de la superficie de la uva como de las superficies de los materiales de bodega. El crecimiento de bacterias acéticas tanto en la superficie de la uva como durante el proceso de vinificación tiene una gran influencia en la calidad final del vino por el incremento de la acidez volátil que se produce. La práctica mas utilizada para su control ha sido hasta ahora mantener concentraciones de SO2 relativamente elevadas. Se sabe que una concentración de 0.8 mg/l de SO2 disminuye la viabilidad de Acetobacter y Gluconacetobacter, no obstante no se eliminan completamente, y por lo tanto no elimina la posibilidad de crecimiento en condiciones de aireación puntual del vino. El mejor control pasa por evitar al máximo su desarrollo en todos los estadios de vinificación, una uva sana y concentraciones razonables de SO2. El uso de tanques de acero inoxidable completados con argón para el almacenamiento del vino minimiza el crecimiento de microorganismos aerobios. De la misma manera, las temperaturas de almacenado a 13°C para vinos blancos y a18°C para vinos tintos son restrictivas para el desarrollo microbiano. EL método corrector más eficaz para eliminar la acidez volátil del vino radica en la tecnología de ósmosis reversa. La utilización de una columna de intercambio iónico permite la eliminación eficiente del ácido acético sin modificar los contenidos finales de agua y etanol.
La elaboración del vino es un proceso donde intervienen sucesivas biotransformaciones por diferentes entidades microbianas partiendo de un sustrato natural complejo. Lo aleatorio del producto de partida, como la compleja diversidad de las entidades microbianas residentes en éste justifican un mayor estudio de la dinámica e interacción de las mismas a lo largo del proceso de vinificación. El desarrollo de este tipo de conocimientos permite al enólogo moderno tomar decisiones oportunas para anticiparse a cualquier percance que pueda afectar la calidad del vino en desmedro del valor comercial o en detrimento del consumidor.

Beber, Pero Bien Informado

Los consumidores queremos productos naturales, con la menor manipulación posible, que respeten la ecología y, por supuesto, que sean sanos. Y el vino, evidentemente, es uno de ellos. Pedimos, a su vez, que la información sea veraz, eficaz y suficiente, porque cada vez más los consumidores aprendemos a “degustar” en vez de “beber”, dejamos de lado la cantidad y buscamos la calidad. Los consumidores aprendemos a utilizar los recursos sensibles gustativo-olfativos del paladar y de la nariz, y esperamos las percepciones ricas, complejas y sugerentes del aroma, “bouquet” y gusto de los grandes vinos.La verdad es que, pese a ser España el tercer país de Europa con mayor consumo de alcohol, tras Francia y Luxemburgo, los consumidores entendidos degustamos el vino con moderación y seriedad. Atrae nuestra atención su elaboración y descubrimos la variedad de los diferentes vinos y, sobre todo, la jerarquía de calidad garantizada también por las denominaciones de origen. Los consumidores seguimos y atendemos las recomendaciones que el elaborador y el comerciante consideran conveniente incluir en sus vinos para su mayor disfrute: temperatura de servicio, gastronomía idónea.
Los consumidores hacemos uso de nuestro derecho a estar informados, y aplicamos nuestra libertad de elegir y nuestra capacidad de exigir. Todo esto no son lugares comunes, sino los argumentos fundamentales de la campaña de seguridad alimentaria impulsada por la Comisión Europea.La información, por tanto, es la mejor baza de los consumidores y elaboradores, y la etiqueta que acompaña a los productos es nuestra principal fuente informativa. Los consumidores, en resumen, somos los que tenemos la última palabra. Y esta palabra, en cuestión de vino, también está ligada a una información veraz y comprensible sobre sus virtudes salutíferas, y no sólo sobre el riesgo del abusoEs sabido que el consumo elevado de alcohol puede originar cirrosis, provocar accidentes de tráfico, heridas no intencionadas, alteraciones familiares, sociales y laborales, conductas criminales y suicidio. Una ingestión prolongada y elevada de alcohol causa efectos nocivos en la función coronaria, y la relación entre un consumo elevado de alcohol y cardiomiopatía ha sido ampliamente reconocida. Un consumo inmoderado de alcohol incrementa también el riesgo de hipertensión y apoplejía.Sin embargo, en los últimos años las investigaciones sobre sus efectos en la salud humana se han concentrado en los beneficios del alcohol consumido moderadamente. Más de treinta estudios epidemiológicos han demostrado que la incidencia en la mortalidad por enfermedades cardíacas coronarias en concreto, y las tasas de la mortalidad en general, son menores entre los bebedores moderados que entre los no bebedores. Y son ya numerosos los autores que han señalado que el efecto de protección del alcohol está reservado fundamentalmente al vino, extremo que se confirma por las relaciones entre el consumo de vino y la incidencia de enfermedades cardíacas coronarias en los países europeos.
Una información, sin duda, tan importante como saludable.

Flavonoides y Acciones Antioxidantes

Los flavonoides: propiedades y acciones antioxidantes
Los flavonoides son compuestos fenólicos constituyentes de la parte no energética de la dieta humana. Se encuentran en vegetales, semillas, frutas y en bebidas como vino y cerveza. Se han identificado más de 5.000 flavonoides diferentes. Aunque los hábitos alimenticios son muy diversos en el mundo, el valor medio de ingesta de flavonoides se estima como 23 mg/día, siendo la quercitina el predominante con un valor medio de 16 mg/día.
En un principio, fueron consideradas sustancias sin acción beneficiosa para la salud humana, pero más tarde se demostraron múltiples efectos positivos debido a su acción antioxidante y eliminadora de radicales libres. Aunque diversos estudios indican que algunos flavonoides poseen acciones prooxidantes, éstas se producen sólo a dosis altas, constatándose en la mayor parte de las investigaciones la existencia de efectos antiinflamatorios,
antivirales o antialérgicos, y su papel protector frente a enfermedades cardiovasculares, cáncer y diversas patologías.

¿Sintético o natural?

Esa es la cuestión, al menos en lo que se refiere a los corchos para tapar las botellas de vino. Mientras que en el plano internacional el material sintético reemplaza cada vez más al extraído del alcornoque en el mercado argentino la transición resulta más lenta.Los especialistas creen que es cuestión cultural. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura, la exportación de vinos argentinos se incrementó durante el año último un 35%, generando negocios por más de 140 millones de dólares. La mayoría de las botellas que viajaron al exterior fueron cerradas con tapas sintéticas, pero en el nivel local, su aceptación está en etapa de prueba.“Para el mercado externo, la principal línea que exportamos es la de varietales Santa Julia, con una salida anual de 150.000 cajas de 12 unidades.
Todas están cerradas con tapones sintéticos y están dirigidas principalmente al mercado británico y, en menor medida, a otros países”, indica el ingeniero Sergio Lucero, jefe de compras de la bodega Familia Zuccardi. “En Argentina estamos introduciendo estos tapones en la línea Finca Beltrán Duo. Pero llevamos pocos meses con este producto, por eso aún no conocemos todas sus ventajas”, agrega.Aunque cumplen la misma función, se llama corchos naturales a los extraídos de la corteza del alcornoque. Los tapones sintéticos, en cambio, son los elaborados con polímeros plásticos.Tradicional y renovable.
Además de natural, la producción del corcho es toda una tradición. “El alcornoque lleva en su entorno toda una cultura que se parece mucho a la producción de la vid. De alguna manera, su cultivo es un culto a la esperanza. Uno no ve vinos de 100 0 200 años con tapas sintéticas, sencillamente porque no existen”, explica Pablo Conselmo, enólogo de la Escuela Argentina de Vinos.
Si bien es un recurso renovable, un ejemplar de alcornoque tarda entre 40 y 50 años para alcanzar el diámetro adecuado y ser económicamente productivo. “Nadie se ha tomado el trabajo de hacer nuevas plantaciones. Se extrae de bosques naturales”, dice Coselmo.“Además, a diferencia de lo que ocurre con los tapones sintéticos, el corcho es una suerte de mensajero de las cosas que pueden estar ocurriendo en el vino. Algo que un tapón plástico no proporciona. El problema es que la oferta de corcho no crece, tiene un techo, mientras que la demanda de vinos y de tapones naturales aumenta”, agrega Luis Fontana, enólogo de la misma escuela.
Según los especialistas, para los vinos jóvenes de consumo rápido (antes del Año), el plástico puede ser una opción interesante. En cuanto a los vinos de guarda, que necesitan añejarse, aún se está en la etapa de prueba y no se sabe qué sucederá.
¿El sabor del vino es el mismo con uno u otro corcho? “Para mí siempre hay una pequeña diferencia. Es normal, por las condiciones de hermeticidad total que tienen los cierres sintéticos. El corcho natural permite un pequeño pasaje de oxígeno. Insisto: para los vinos muy jóvenes, lo sintético podría ser una opción muy interesante; para los demás, me quedan ciertas dudas”, opina Manuel Louzada, director de enología de Bodegas Chandon. Y agrega: “Me parece que en la Argentina todavía hay cierta reticencia a pasar de un corcho al otro”.Portugal es el mayor exportador de corchos en el mundo, con un 60 por ciento de la producción global. Allí se fabrican unos 15.000 millones de tapones de corcho al año. El resto de la producción se reparte entre España, Italia, Marruecos y Francia.“Somos partidarios de los cierres sintéticos de buena calidad porque no producen la contaminación del producto. En nuestro caso y para la exportación, cerca de un tercio de los vinos varietales jóvenes que elaboramos tienen este tipo de corchos. Aunque todavía hay mercados que no están preparados: Inglaterra, por ejemplo, los acepta muy bien, pero no es el caso de Alemania”, explica Jorge Arpi, presidente de la División Internacionales del Grupo Peñaflor. “En nuestro país, creemos que en el corto plazo las líneas innovadoras serán más favorables a la incorporación de cierres sintéticos”, concluye.ImperfeccionesLas cualidades de un corcho natural dependen del grado de porosidad e imperfecciones que presente. En el país, Arpex Argentina importa y distribuye anualmente unos 15 millones de corchos naturales y colmatados (sus fallas se rellenan con corcho molido). “Nos dedicamos más que nada a vinos de guarda, segmento en el que se prefiere el corcho natural antes que el sintético”, dice Pedro Bugatti, socio gerente de la empresa. El precio del millar de corchos puede oscilar entre los 100 y los 1000 dólares, según la calidad.
Fuente: María Escurra

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